jueves, 12 de agosto de 2010

Maldita Memoria

Esta es una historia que escribí hace algún tiempo, que está basado en cosas mías y en cosas de mi amigo Zed, por eso, pese a que ese no es el nombre real de dicho blogger, le di el nombre de Zedequías al personaje principal, nombre que por alguna razón creí que existía y al investigarlo resultó que sí existe ese nombre. En fin, este cuento apareció publicado en algún lugar de la blogósfera de cuyo nombre no me quiero acordar, en aquellos tiempos en los que inocentemente creí que podía llamar amigo a aquel que publicó mi cuento.

En aquel entonces la historia apareció con ciertas modificaciones, aquí se los traigo tal y como lo escribí, porque al fin y al cabo es MI cuento. Espero les guste, se llama

 

Maldita memoria

El temor de su padre se hacía real con la nota del psiquiatra, lo peor de todo es que el chico estaba a riesgo de suicidarse. Sus constantes esfuerzos sirvieron, todos sus acuerdos con los comerciantes de la ciudad rindieron fruto: nadie, por insistente que fuera el muchacho le vendería sogas, pistolas, solventes, corrosivos, objetos cortantes o contundentes. Nada que pudiera servirle para hacerse daño estuvo a su alcance.

Años más tarde hubo mejoría y el joven podría irse a estudiar fuera de la ciudad sin riesgo alguno. Nadie habría previsto lo que sucedió: mientras se bañaba se resbaló y al intentar sujetarse de la pared donde estaba el espejo, metió los dedos en el enchufe, colocado ahí por mal diseño de la casa…

Zedequías sacudió la cabeza, parado a contra esquina del edificio donde vivía Celia, encendió un cigarrillo al tiempo que comenzaba a nevar. Su mente le había jugado un truco y todo por ese innecesario recuento, esa película del desgaste, de la incertidumbre…

Se presentó la sucesión de imágenes y de sensaciones en su memoria, en su maldita memoria que no olvidaba jamás. Todo inició desde las noches que pasaron juntos creyendo que la vida era bella. A ello siguió su ausencia, el silencio en el teléfono, el silencio en su casa, el estruendoso eco en la puerta de Celia, esa puerta que jamás se abría. Cuando pudo entrar, Celia no estaba, solo un gélido fantasma lo recibía, un gélido fantasma que podía sostener una conversación pero que no daba respuestas.

A esto le siguió la duda. Celia se mudó y Zedequías jamás se enteró dónde estaba el nuevo domicilio de la joven. ¿Huyó? ¿Escapó? Y si escapó ¿por qué? ¿Para no tener que responder? Los innumerables y continuos silencios en el teléfono se repitieron, fue cuando Zedequías aprendió a odiar al buzón de voz y a todas las empresas de telefonía celular.

Tras otro encuentro carente de respuestas, la situación, su destino, el destino de ambos estaba claro para él. Cualquiera le habría dicho que no hacía falta la sentencia de Celia, pero él necesitaba oírlo de su boca.

Las noches se hicieron presentes en la película mental de Zedequías. En ellas se observaba bebiendo café bajo la mortecina luz y el lento oscilar del ventilador de techo. Tras buscarla infructuosamente durante días enteros, las noches servían para verse en letargo, en un miserable letargo en el que los insulsos infomerciales o trilladas películas pornográficas que veía distraídamente se acompasaban pesadamente al monótono ritmo en el que la incertidumbre lo aplastaba. Esa tortura autoimpuesta duraba hasta que el sueño lo vencía.

El hastío acompañaba al silencio en el teléfono, hasta que este último cesó. Un último encuentro se acordó.

Parado a contra esquina del edificio donde vivía Celia, Zedequías apagó su cigarrillo, ahora que sabía que no estaba equivocado se sentía un poco mejor. Quiso tararear una canción al dar el primer paso, pero se detuvo en seco: Can’t you see? la había tarareado y cantado demasiadas veces, era hora de pasar la pista.

Y así mientras nevaba, Zedequías caminó a su casa tarareando Blue Moon of Kentucky con un dejo de indiferencia

Les dejo las rolas que se mencionan para que las conozcan si no las conocen o para que las disfruten si las conocen y les gustan y si no les gustan, no las oigan y si no las conocen, y las conocen y no les gustan, pues ni pedo, así es la vida jajajajajaja.

 

NO pude conseguir una versión decente interpretada por The Allman Brother’s Band, que es la que yo conocí y que me gusta más, pero esta se le acerca bastante.

De nuevo, la versión que conocí primero y la que me gusta más.

Por cierto, por ahí me preguntaron si ya había pasado mi etapa de Shakespeare, que porque escribo puros dramas –_-‘…

Escribo de todo, chingá, que no?

 

o ustedes qué dicen?

3 comentarios:

Zed dijo...

Ese mi Ben, haz algo estilo "Tito Andronico" para que tengas una veladora más en tu altar...

Te quedo chingon.

pahesol dijo...

Buen cuento y buena canción.
Sale ;) nos vemos doctor benjamin XD ¿ya estas dando clases verdad?

El Signo de La Espada dijo...

Zed: Cuando sea grande, carnal, cuando sea grande

pahesol:
Sí, así que apresuraos con el siguiente capítulo de las aventuras del Dr. Benjamín


p. s.:
Te estás volviendo reptiliana o como por que el ojo de lagartija?

Más y más tajos parecidos

Related Posts with Thumbnails