jueves, 7 de marzo de 2013

Correr al llamado de la noche

Hace mucho tiempo que no sentía el llamado de la noche. No recuerdo la última vez que mi cuerpo se dejó llevar por el intenso deseo de capturar al corazón de la noche. Empiezo a sentir ese tremor que me asalta cuando percibo la voz de Nyx. Trato de calmarme, poco a poco se intensifica esa energía dentro de mi que me obliga a levantarme. Me resisto, mi cuerpo ya no es el mismo de hace años, tengo mis escrúpulos, no quiero sufrir las consecuencias de tal cacería el día de mañana.

Cierro los ojos con fuerza, mi cuerpo se estremece con mayor intensidad a cada minuto. Llega el momento en que no puedo resistir a la inquietud salvaje que me invade y los escrúpulos iniciales desaparecen. Abro la puerta y salgo de casa. Camino con torpeza, intentando dar velocidad a mis pasos, veinte metros bastan para que empiece a trotar. El aire nocturno, el aliento de la noche me seduce.

A mi paso, las luces del alumbrado público titilan, otras se apagan y no puedo evitar esbozar esa sonrisa feroz que tantas veces adornó mi rostro en aquellas lejanas noches. Acelero, siento como mi cuerpo se estrella con el aire cada vez más rápido. Acelero y muerdo con fuerza, un rugido se escapa entre mis dientes y al entrar en contacto con el aire, este se estremece. La noche sabe que voy tras ella.

Al poco tiempo de avanzar, la oscuridad me traga: no hay una sola farola encendida, ni un automóvil cerca. No sé a qué velocidad voy, lo cierto es que mi cuerpo me avisa que no está en las condiciones de correr así, pero no le hago caso, entre la oscuridad distingo el fin de la banqueta, la euforia me ha embriagado y de pronto noto que voy más rápido, casi automáticamente salto y siento algo importante, algo que me sorprende y que incrementa mi euforia: he cortado el aire.

El ritmo de mi corazón es el de un huracán o una avalancha. La noche sigue seduciéndome, se desliza entre mis dedos, pero ya no duda que voy en serio, voy a atraparla. De nuevo llego al final de la banqueta y estoy cerca de alcanzar la otra acera de un salto. Mientras estoy en suspendido, el tiempo parece ralentizarse, siento como la noche me atrapa en un abrazo.

Al caer, el impacto se hace sentir en mi cuerpo, vuelvo a sentir el aire, la noche me susurra, desea más de mi. Mi cuerpo se resiste, pero la seducción de la noche es una fuerza meteórica que no puedo resistir. La calle se acaba pronto y mi cuerpo me advierte, me punza, suda, tiembla... pero yo vuelvo a despegar del suelo, vuelvo a cortar el aire contraigo mis extremidades y las estiro con fuerza hacia delante, siento como mis piernas y mis brazos se desplazan centímetro a centímetro, como dan forma a una patada voladora.

Emito una risa salvaje, mi cuerpo sabe que no daré marcha atrás, por más que intente rebelarse. Sabe lo que haré y no le gusta, pero no me importa. Poco a poco se intensifica la contractura en mis costados mientras incremento la velocidad de la carrera, la banqueta se elonga, pero pronto llego a su final y la luz de la luna me baña mientras me elevo y azoto el éter nocturno con los pies ¡dos veces antes de regresar al suelo! Esta vez tengo que ceder a los reclamos de mi cuerpo, los costados me tienen atenazado y las rodillas casi no soportan mi peso. Es hora de volver a casa.Vuelvo cansado y dolorido, pero satisfecho. Aunque no alcancé el corazón de la noche, le robé una sonrisa: la luna que me iluminó en el último salto. 

Lo que más me satisface es que sé, que pese a todo, no importa que mañana el dolor se apodere de mi, más temprano que tarde, volveré a intentar la captura del corazón de la noche.


Ahora por favor lean este post, excelente escrito del gran Andrés Borbón!

2 comentarios:

pahesol dijo...

(>w<) Me encantan tus narraciones! Saludos.

noche dijo...

podrá usted capturar el corazón de la noche?

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