sábado, 4 de julio de 2009

La primera vez, capítulo 6 de mi novela (fragmento 2)

Saludos a todos los internautas que han caído por aquí, por azares del destino, por error, por chiripa, por gusto o por castigo.

Quiero comentarles que este post tendría que haber estado listo ayer, pero llegaron a interrumpirme, de manera que cuando estuve libre de interrumpciones llegó la hora de hacer otras cosas. Y total, aquí me tienen terminando la serie de posts de ayer, hoy. Así pues, a quienes hayan caído por azares del destino aquí, les recomiendo que busquen los demás fragmentos de los demás capítulos para que no se pierdan y sepan de qué estamos hablando. Asimismo dense una vuelta por los demás posts, si les place. Para los lectores habituales, no dejen de leer los recuerdos fugaces, los tres chistes de borrachos, y el Mapa de Vicreyl (para los nuevos, busquen en el side bar, sean tan amables).

En fin. Los dejo con el fragmento dos de "La primera vez" Hasta la próxima.

Minutos más tarde, Bernardo condujo a sus amigos a un terreno aparentemente abandonado, en el que había una serie de bodegas, a la cual solía ir a estar solo. Se trataba de un lugar poco frecuentado, silencioso y tranquilo en el que solía observar aves y, en ocasiones, conejos y tlacuaches. Había una bodega en particular a la que le gustaba ir, que tenía una rampa ante la puerta cerrada con un pesado y viejo candado. Además del dibujo de una mujer desnuda, podía ver a dos chicas bonitas que vivían en el fraccionamiento recién construido a unos 200 metros.

Al llegar a la rampa vieron a un hombre acostado de lado, a su alrededor había varias colillas de cigarro, una botella de aguardiente y varias jeringuillas. Bernardo indicó a sus amigos que no se movieran y se acercó al tipo.

- ¡Lárgate junkie!- dijo tras pisotearle la cadera, el hombre se retorció y mugió algo.- ¡Que te levantes!- gruñó Bernardo mientras apoyaba su peso sobre el tobillo del sujeto.

- Hijo de tu puta madre- tosió el tipo mientras se levantaba torpemente. Su estatura doblaba casi la de Bernardo y le llevaba entre cinco y ocho años de edad. Trató de empujar a Bernardo, pero falló al estar encandilado por la luz del sol.

- Lárgate- ordenó el muchacho con severidad- Y llévate tus jeringas.

- Tú no eres el dueño de aquí.- respondió el adicto- Vete a la verga.

- Eso es cosa que te vale verga- dijo Bernardo acercándose amenazadoramente al sujeto.- Te vas de aquí.- Sentenció con frialdad.

- Te crees muy macho porque están tus cuates aquí.

- La otra vez no estaban mis cuates.-dijo Bernardo con ferocidad.- Lárgate- concluyó con firmeza.

- Chinga a tu madre- masculló el adicto mientras recogía sus jeringuillas y se fue.

Sentados sobre la rampa, los muchachos disfrutaron del viento tranquilo y refrescante del lugar. Relajados, se recostaron y a los pocos minutos Roberto se percató que la puerta de la bodega estaba abierta.

- Miren, está abierto.- señaló Roberto.

- ¿Entrarían a robar?- preguntó Bernardo, extrañado.

- Entremos- sugirió Homero. Bernardo miró a Gerardo y este respondió:

- Vamos.

Al entrar les sorprendió la enormidad del interior del inmueble. A juzgar por un par de fosos que había en el piso, aquel galerón era un taller de alineación y balanceo.

- Voy a orinar- anunció Homero

- ‘tas en tu casa.- respondió Luis

A su vez, Bernardo y Roberto se dispusieron a orinar en un foso. Por su parte, Luis y Gerardo encontraron los restos de una revista pornográfica abandonada años atrás. Roberto terminó de orinar y examinó la revista junto con Luis y Gerardo.

- ¡Puta, no acabas de mear, cabrón!- reclamó Luis a Bernardo.

- No, es que traigo la vejiga llena.- respondió Bernardo riendo apenado.

- Oigan- dijo Homero- allá hay alguien.

- A ver.- dijo Bernardo sin dejar de orinar.

- ¡Sí, son dos!- apuntó Gerardo

- ¿Dónde?- preguntó Roberto

- ¡Allá! ¡Vámonos, traen armas!- exclamó Homero y se echó a correr.

- Hey, ustedes. Váyanse, no se estén orinando aquí- ordenó uno de esos hombres mientras los muchachos corrían gritando:

- ¡Ay, güey!

Todos corrían sin voltear atrás, reían, pero no dejaban de correr. Bernardo corría con las manos sosteniendo su miembro, pues aun no terminaba de orinar. De pronto, algo sucedió, Roberto, que estaba detrás del grupo, apenas logró ver como Bernardo pisaba un arbusto y desapareció. En un parpadeo, lo siguiente que Roberto vio fue a Roberto orinando sobre una piedra y a los demás mirando a su alrededor.

- ¿Dónde estamos?- preguntó Roberto.

- Sepa.- respondió Gerardo.

- ¿Y cómo llegamos?- señaló Roberto- de ese árbol.

- No digas mamadas, muerto- reclamó Homero.

- ¿De dónde sacas que salimos del árbol?- preguntó Luis.

- ¿Y por qué es de noche?- preguntó Bernardo.

- No sé por qué está oscuro, pero digo que salimos de ahí ¡porque yo lo ví, inútiles!

- A ver- dijo Bernardo y se acercó al árbol para inspeccionarlo, cuando lo tocó tratando de buscar algún hueco, su mano atravesó el tronco.- ¡Ay. güey! ¡Me está jalando!

De pronto, medio cuerpo de Bernardo estaba detrás de un arbusto. El muchacho sacó las piernas y trató de verificar si había algún agujero tapado con el pasto, pero al pasar la mano por esa superficie, la imagen parecía desvanecerse. En eso, escuchó pasos detrás de sí. A unos metros estaban los hombres armados que encontraron en la bodega/taller. Asustado, Bernardo saltó hacia atrás, hacia donde creyó que estaba el paso a hacia el árbol por donde llegaron al lugar donde estaban sus amigos.

- ¿Qué pasó?- preguntó Luis.

- Salí al terreno. Ahí están los de la bodega.- respondió agitado.

- ¿Neta?- preguntó Gerardo.

- Simón- respondió Bernardo.

- ¿Y qué hacemos?- preguntó Roberto

- Pues- titubeó Bernardo, mirando a sus pies- ¿Qué les parece si nos quedamos un rato por acá?

- Bueno- dijo Luis.

- Vamos.- aprobó Gerardo.

- ‘ta bueno.- respondió Homero, un tanto desganado. Todos miraron a Roberto.

- No sé si sea conveniente.

- ¡Ah, vamos!- insistió Homero, rodeando a su amigo con el brazo.

- Bueno, vamos- aceptó Roberto con cierta resignación.

Los muchachos vagabundearon por un rato en ese extraño paraje al que había llegado. La temperatura era baja, había neblina y la luz de la luna era muy intensa, pero no alcanzaba para distinguir detalles del paisaje. Notaron un suelo húmedo cubierto de hojarasca. Escucharon el ruido de insectos y el graznido de aves nocturnas y pronto comenzarían a inquietarse por lo extraño y ominoso del lugar.

- ¿Qué hora es, muerto?- preguntó Luis.

- Ahorita te digo- Roberto buscó un haz de luz para observar mejor su reloj, pero las manecillas no se movían. – Qué raro- dijo extrañado, se acercó el reloj al oído tratando de escuchar el mecanismo.- No sirve mi reloj.- dijo al fin.

- El mío tampoco.- apuntó Gerardo, mostrando la pantalla en blanco.

- Llevamos unas dos horas aquí- dijo Bernardo. - ¿Qué tan lejos estamos de donde llegamos?

- No sé, unas diez o quince cuadras.- dijo Homero.

- No, yo creo que más. Unas veinticinco o treinta cuadras.- opinó Luis.

- ¿Regresamos?- propuso Gerardo.

Los muchachos se miraron unos a otros, indecisos. Dada la incertidumbre sobre el tiempo que había pasado vagando ahí y de la distancia, que habían recorrido, decidieron regresar. Bernardo no estaba muy convencido, en realidad el quería seguir vagando y conocer más de ese lugar y las causas de su llegada. ¿Cómo diablos se atraviesa el pasto y un árbol y se llega a un lugar con un horario distinto? Escuchó un ruido detrás de sí, se dio media vuelta tratando de ver en la oscuridad lo que causó ese ruido, pero desistió y siguió a sus amigos.

- ¿Cómo se llamará este lugar?- preguntó Bernardo.

- No tengo idea.- respondió Roberto.

- ¿Tú cómo le pondrías?- preguntó Bernardo a Homero.

- De perrito- respondió riendo.

- No, idiota- gruñó Luis propinándole un manotazo en la cabeza a su amigo.- De nombre, como le pondrías de nombre.

- ¡Ya sé, pendejo!- se quejó Homero.- No sé. No creo que haya a quien preguntarle.

- Lo que yo no entiendo todavía es como entramos aquí. – apuntó Gerardo. Bernardo se detuvo y lo miró detenidamente.

- ¿Por qué dices entramos?

- Sí, dije entramos. Respondió Gerardo extrañado ante la pregunta.

- Pero ¿por qué entramos en lugar de llegamos?- insistió Bernardo. Todos se miraron pensativos, inquietos por la interrogante planteada.

- Atravesamos un árbol, como si estuviera abierto. Como una puerta. Quizá por eso lo dije.- respondió Gerardo.

Los muchachos se percataron que estaba amaneciendo, estaban cerca del lugar por donde empezaron a caminar. Poco a poco, las aves comenzaron a graznar, anunciando la llegada de un nuevo día. La intensidad de la luz aumentó súbitamente y algunas aves emprendieron el vuelo, pronto el número de aves que emprendían el vuelo aumentó de manera exponencial y los muchachos se vieron envueltos en una enorme y ruidosa nube de aves. La oleada emplumada duró cerca de tres minutos, pero bastó para inmovilizar y desorientar a los muchachos, quienes se miraron confundidos y nerviosos. Continuaron su camino, pero no estaban seguros de estar siguiendo la vía correcta. Minutos más tarde encontraron el árbol a través del cual llegaron a ese lugar.

4 comentarios:

Ministry of Silly Walks dijo...

Hola, Signo. Ni chance de leer tu post hoy. Vengo con una duda médica. Puede enfermarse de parvovirus un perro aunque le hayan aplicado sus vacunas? Me temo que mi Lula esté enferma.

Signo de la espada dijo...

Eso depende de muchas cosas.... de qué tipo de vacuna le pusieron y en qué condiciones y de la edad de la perra.

Si pudieras decirme cuales vacunas le han puesto, cuando se las pusieron y sobre todo si tienes la información de la vacuna, aunque sea la marca y el nombre comercial para que te pueda dar una respuesta más concreta. Incluso si puedes decirme con detalle qué signos tiene

jota pe dijo...

-- quihobo espada, vaya aqui si eres el espada! eso chinga! portese machin como en sus cuentos! un abrazo carnalin!

Yo Soy Ben dijo...

Mi estimado jp, sigo siendo el espada. O como le dije a mi prima, soy el mismo güey. jejjee Pero está bien, me portaré machín como en mis cuentos

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