domingo, 15 de febrero de 2009

Otra narración reteordinaria

Hey hey hey,qué hacen por este lado del bario a estas horas, jeje.

Hoy les traigo un cuentuco, parte de las Narraciones reteordinarias, faltan 2. Esta tiene dedicatoria especial a mis cuates Zeta y Jota Pe, por ser mis lectores más asiduos, en particular a Zeta porque algo habíamos platicado sobre volarle un post de videojuegos y por algo que tiene que ver con la memoria. Y en particular a JP por que... esteeee, cuate, me cai que lo quería hacer más cortito, pero me estaba cagando de risa con cada cosa que se me ocurría y al final decidí dejarlo así, pero me cai que el próximo si va a estar más conspiucuo, que diga, conciso.

Espero les guste, saludos.


Cuando era más joven

Hace tiempo, antes de que papá falleciera, él me sugirió que lo llevara a él y a mi hijo, su único nieto, a pasear al Edén. Así lo hicimos, preparamos todo a su gusto y salimos a la hora de su gusto. “Ni muy temprano ni muy tarde” es lo que siempre decía. A las 8 o a las nueve siempre era buena hora para él. Ah, y eso sí, era día del club de Toby: “No girls allowed!!” Cuando a mi padre se le trepaba a la cabeza lo del club de Toby no había marcha atrás.

Mientras íbamos hacia el Edén, Leonardo mi hijo se estaba quedando dormido. No me gusta que se quede dormido en el camino porque se pierde de mucho.

Leonardo, hijo- le dije en voz alta para despabilarlo.- No te duermas, quiero que veas las cosas que hay alrededor. Además no está lejos.

Déjalo, hijo. Déjalo- me dijo mi padre.- Deja que se duerma, porque en el camino de regreso él va a ser tu copiloto, yo me voy a dormir.

Mientras mi hijo dormitaba, mi padre me hacía bromas sobre el interior del Edén o desde el Edén hacia adentro, no le entendí, la verdad.

Al llegar al Edén comenzamos a caminar por el sendero de costumbre hasta llegar al claro en el que siempre hemos acampado. Durante todo el camino, mi padre iba contando chistes verdes y colorados y contaba como molestaba a sus compañeros en la escuela y como ellos lo molestaban a él. Evidentemente no me agradaba mucho el ejemplo que mi padre le estaba dando a mi hijo de doce años.

Hmm tú estás igual que el chavo del chiste que estaba preocupado por su hijo.

Papá…

Que le dice el compadre “¿por qué estás preocupado?” y le dice “con tantos problemas que hay en el mundo, los asaltos, los secuestros, la gripe aviar, el papiloma humano, el SIDA mi hermano y yo tengo un hijo de 20 años!!” y le dice el otro “No te preocupes, dile que use condones”

Papá, cállate porque el periquito todo lo aprende.- le dije, pero no me escuchó y veía sonriendo a mi hijo que estaba divertidísimo.

“sí los usa, pero se le quedan pegados en el culo” le dice el otro.


Tras la carcajada en complicidad de mi hijo y de mi padre, comenzamos a montar una serie de artilugios que se usaban cuando mi padre era niño, mientras lo hacíamos, él nos explicaba como se le hace para cocer una longaniza en una lata de cerveza y le contaba a Leonardo sobre el viejo reproductor de música en un formato arcaico y de cómo se las vio negras para convertir toda la música que tanto tiempo le había costado descargar de la antigua red y de lo difícil que fue adaptar su funcionamiento a los nuevos formatos. Nunca quiso desprenderse de ese aparato porque decía:

Mi papá me la regaló cuando me gradué y al principió como que no la quería aceptar y es que tu bisabuelo Gabriel a güevo me la quería enjaretar porque pensaba que estaría celoso de que a tía Gabi, mi hermana, la iban a mandar a Europa por sus quince años. Bueno, a fin de cuentas me lo quedé y me fue muy útil para ir escuchando música y ahorrarme las pendejadas que decía la gente en las combis o la música que traía el chofer.

Abuelo, ¿qué eran las combis?

Ah, las combis eran un carro que parecía un envase de tetra pak acostado con las puntas redondeadas- dijo mi padre haciendo las señas pertinentes con las manos para explicar como era ese auto.

Pa’, a Leonardo ya no le tocó conocer al tetra pak, las prohibieron 4 años antes de que él naciera.

Ah, de veras!! Bueno, eran unos cartones con forma de paralelepípedo o cúbico- alargardos, paque me entiendas y tenían una especie de filtro de aluminio adentro, o no sé de que eran esas madres, pero servían para conservar la frescura de los líquidos y para garantizar que no estaban contaminados. Y ya pues la combi era algo que si te tuvieras que subir en uno te cagas, güey!! Eran insufribles a veces. Antes no era como ahora, que tienes a los conectores transpolis, no más te trepas en una parada y te cruzan del otro lado de la ciudad en un tris y funcionan todo el día y te bajas y ya nada más caminas tantito o si está muy grande el barrio, te trepas a un panoramovil. Nooo. Antes eran unas latas de sardinas en las que tenías que ir apretujado entre la gente, y más antes, jejeje, la gente tenía que ir medio agachada cuando ya no había lugar para sentarse. Luego prohibieron eso, pero no por eso dejaba de ser incómodo. Los choferes solían poner la música o el radio a todo volumen. Ah y el radio de mi época era una mentada de madre al oído, mi’ijo. Nononononono, era bien cagado subirse en esas madres, pero si no tenías carro o dinero para un taxi no te quedaba de otra. Por eso me resultaba útil este aparatito, para aislarme del ruido y de la gente, para ir cómodo.


Oye papá, no creo conveniente que evites moderar tu lenguaje frente a mi hijo.

Ah, vamos, Armando, dame chance. Yo solo soy un vejuco y tu hijo está en la flor de la vida y ya tiene peleas en la coliseo, o no, m’ijo? Ya está en edad para que no se espante por oír mis leperadas. Acuérdate de la película esa del Big Fish

¿Cuál película, papá?- le pregunté un poco contrariado.-

Esa donde salía el cara de culo del Ewan Migüevo, que diga McGregor y salía el Danny deVitto y un gigantón cuyo nombre no recuerdo.- dudó un instante.- O a ver, aguanta. ¿No era el Russell Crowe, en vez del Ewan McGregor? Bueno, el que haya sido, los dos tenían cara de pasguatos y uno era australiano y el otro neozelandés, es lo mismo, la ide…

Papá, no considero correcto enseñarle argumentos xenofóbicos o racistas a mis hijos.

Oh, my son. Come over here!!- me dijo abrazándome y sacudiéndome el cabello.- A mi edad tú sabes que el racismo es de las setentra y cinco mil cosas que me valen madre. Dame chance, acuérdate de la película del Big Fish.

Bueno y qué con esa película, ya era vieja cuando yo nací.

Ah, pues que el caradenalga del hijo no le creía al papá y estaba cabreado con él porque se hacía güey y salía con jalada y media y resultó ser siempre y al chavo no le quedó de otra que aguantarse que su jefe se peló y lo perdonó a medias antes de clavarse. No seas gacho, cabrón. Déjame que cumpla con mi función de abuelo, que es enseñarle mañas a los chingados chamacos.

Así era mi padre. A mi nunca me solapó nada, me castigó cuando debía hacerlo, me enseñó a ser honesto, a ser responsable, a no ser cobarde, a no esconder la mano después de tirar la piedra, de preferencia a nunca tener que lanzar la piedra. Siempre hay una opción. Pero como le encantaban las malcriadeces. Recuerdo como mi madre le reñía porque me celebraba los chistes malos y las travesuras pequeñas cuando era niño, cuando era adolescente.

Mi padre es admirado por mis amigos debido a la exactitud de su memoria. Muchos de ellos, aun cuando tienen mi edad, no recuerdan qué les pasó a los 10 años. “No puede recordar datos específicos, como números, por ejemplo. Y si me preguntas qué comí ayer, no me acuerdo, pero si me preguntas en 10 años, si es que sigo vivo para entonces, me cae de a madre que sí me acuerdo, no sé por qué”. Cuando era más joven, me exasperaba un poco que mi padre me contara sus historias. En especial porque había algunas muy raras sobre predios abandonados en los que crecían hierbas en medio de los muros. Y él, siendo un niño, las recorrió solo. Me parecían cosas inverosímiles. En estos tiempos es casi un abandono dejar que un niño esté sin vigilancia adulta.


A mi hijo, en cambio, parece no molestarle. Todo lo contrario, Leonardo estaba encantado con lo que mi padre le narraba. Toda la historia de sus vagancias son como poemas épicos para mi hijo.


Por momentos, me sentía en la necesidad de contener su emoción, porque nunca me pareció buena idea que mi padre se expresara con tan malas palabras delante de mi hijo. Pero en determinados momentos no lo podía contener, porque empezó a hablar de videojuegos. Era tal la emoción con la que hablaba de ellos, que me envolvía a mi también. Siempre contaba desde los juegos que tenía en su casa y que sus hermanos jugaban: Spartan, Space invaders. Videojuegos lineales y con imágenes pésimamente definidas, pero para la época eran el más grande avance.

Luego llegaron los juegos de pelea.- le decía mi padre a mi hijo.- El primero se llamaba Karate Champ y era simplísimo. Pero con la llegada del Street Fighter 2, no mames, el puesto de maquinitas que no tenía el Street pasaba inmediatamente de moda. Nadie lo pelaba. Luego empezó la tendencia a adaptar las consolas a unas cajas de madera y le echabas una moneda de 100 pesos, esas madres eran cagadísimas, porque te daban, dependiendo del establecimiento como 1minuto hasta 3 minutos de juego por moneda. Era bien emocionante cuando ibas ganando y ¡bolas! Se te acababa el tiempo y le corrías con el don o la doña: “cambiéme esto doña”. Ah y es que el Street era el Street. Y Chun Li era Chun Li, nonononono. ¡No mames! El que no tenía sueños húmedos con Chin Li Zang era un anormal.

Estaban el Fatal Fury, el Art of Fighting, el Doble Dragon, el Final Fight. Pero prácticamente no le hacían la competencia al Street, excepto por el Mortal Kombat. Ese juego era la conmoción, el shock mental para todos los chamaquitos. “Güey, son personas!”. Los monitos se veían como un vhs todo viejo, ah, tú nunca conociste el vhs, verdad? Bueno, el chiste es que además de ser un juego de peleas con distintos estilos de artes marciales (que ya en un juego ni son tan distintos) podías matar al oponente y le sacabas la cabeza, le metías la pata en el pecho, ¡chaz! ¡Bien sangriento, vato! Lo más cagado es que en la versión de arcade, la sangre si parecía de a de veras o al menos se veía espesita, pero en la versión de consola se veía como aserrín.

Cuando llegó el Mortal 2 a mi pueblo, tenías que llegar temprano si lo querías jugar. Solo había uno, uno en todo el méndigo pueblo. Se hacían unas colas de horas, había güeyes que compraban hasta 50 varos de fichas sólo para jugar el Mortal 2.

Mi padre siguió hablando de video juegos sin parar y de pronto contó sobre uno en especial cuando estaba en la preparatoria.

Había un juego donde salía un pinche pingüinito que aventaba bolas de nieve. Ese juego lo tenían en una papelería enfrente de mi prepa, en la cual yo era feliz porque nos dejaban salir y regresar a todas horas. Hijo, asegúrate que mi nieto entre a una prepa así. El chiste es que en una de esas fui a la papelería con mi amigo Alaminos (al que le decíamos Calabacinos, porque el tipo era casi un santo, pero sus jefes lo calabaceaban por todo). Jugábamos el Street Fighter 3 y en eso nos retó un chavo, ese chavo tenía el dedo de en medio fracturado y lo traía enyesado y toda la wea, ya sabes, ¿no? Bien el caso es que el güey este nos ganó como veinte veces seguidas, veinte a Calabacinos y veinte a mi. Yo me enojé porque el tipo se burlaba de nosotros y eso no me ha agradado jamás. Hijo, si alguna vez compites por algo, si ganas no te burles del contrario, antes bien comparte con él tu victoria y agradécele por su esfuerzo. Y si pierdes, defiende tu dignidad, no dejes que nadie se burle de ti. Bueno, el caso es que el Calabacinos le ganó y luego yo, y luego otra vez el Calabacinos y así sucesivamente hasta que el chavo se encabronó de que le ganáramos como 20 veces cada uno y se fue encabronado y el Calabacinos le dijo: “¿por qué no juegas el del pingüinito?” y el otro chavo le respondió con la seña del dedo, con su dedo todo vendado. Fue cagadísimo. Así eran las cosas cuando era más joven.

5 comentarios:

Zeta dijo...

Clap, clap, clap, clap, clap, clap, clap, clap, clap, clap, clap.

Best Post Ever.

jota pe dijo...

-- muy gueno espada, gracias por la dedication mi guen, bien podrias llamarle "Mis recuerdos del porvenir", esta largo pero asumo que el publico lo disfrutara (juar juar), fuera de cotorreo, chido, ya me imagino cotorreando con nuestros nietos: shi mi ijito, teniamos computadoras (que abuelito?) compus mijito y hachiamos blogs (blogs abuelito? y para que servian?), puesh pa ni maiz mijito pero como nosh divertiamosh... jejeje, oye pues ahora que me doy cuenta esto de escribir mucho no es tan aburrido, muchas gracias mi guen, de antologia

Signo de la Espada dijo...

Zeta: ah chingá, tanto así?? La neta son mis pininos en historias de ciencia fricción :P

JP: Sí, imagínate no más: "qué es esto abuelo" "es un blue ray" "ah no mames abuelo, se ve de la chingada" "pero en mis tiempos era la vanguardia, la tecnología de puta madre que diga de punta" "uy, sí abuelo, pero ahora es tecnología de punta de chingadazos"

Que bien que les gustó. Ya está la penúltima narración reteordinaria. La postearé el martes o el miércoles. Que se la pasen chingón.

LiLitH2pOiNt0 dijo...

.. ajajaj.!
te la bañiaste..
prohibieron las tetra packs.! xD

.. wuaa.! eso de la músiK
ii las 'combis' será algo qe
iio con lujo de detaiies podría
contar tmb ¬¬

.. ajajaj.. el tal armando
resultó muii alzado, su papá
me caiió bien ii me hizo recordar
a cierta tía qe tengo qe luego, luego se le sale el cobre.! xD


.. en fin.. me latió la onda
del blog.. bastante futuro-antáñico.. ajajaj.. ni existe esa palabra.. iia veremos de aqí a un par de varios añios.! O.o


.. saluditos.! =)

Andrés Borbón dijo...

Me encantó la historia, mi buen Signo. Muchos buenos recuerdos y bien escrita. Esos abuelos!!!
Je, je

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