lunes, 9 de febrero de 2009

Narraciones Reteordinarias reloaded.

Hola!

Lamento haberme tardado tanto en traerles esta entrega de las narraciones reteordinarias, pensé que lo podría terminar antes, pero resultó más complicado de que yo pensaba, en especial por ciertos detalles.

Quiero aclarar que meciono a personalidades de la ciencia y no los alabo precisamente, pero tampoco dejarlos en mal. Quiero aclararle a los lectores y si acaso hay descendientes de los mencionados que nos lean, que no quiero vilipendiar ni hacer escarnio de sus ancentros.

Entonces los dejo con este diario en forma de cuento, que diga, cuento en forma de diario, especialmente dedicado a Edgar Allan Poe y a Tazy.

Pallida Mors


16 de septiembre 1865.


Son las cinco de la mañana, yo no sé por qué me desperté tan temprano ni por qué tengo la sensación de que es tan tarde. El doctor Villemin se llevó todo mi material, excepto el que dejé fijándose en formaldehído. Casi me maldice a mi y a toda mi descendencia por eso. Quizá en represalia es que se llevó todos mis tejidos y mis macerados y algunos cultivos. Pero en realidad me hizo un favor. No tengo que hacer en toda la semana más que montar los tejidos en portaobjetos y teñirlos, para eso no necesito tanto tiempo y lo puedo hacer en casa, no necesito llegar al laboratorio, sino hasta el martes, gracias al doctor Villemin.



21 de septiembre, 1865.


Acabo de ver los nódulos linfáticos al microscopio. Casi todos son tuberculosos, aunque me da la impresión de que al menos el 40% son otra cosa. Me resulta exasperante pensar en la cantidad de entidades patológicas con similitudes a la tuberculosis. ¡Son tan increíblemente parecidas a simple vista! Es una lástima que no cuente con más recursos para observar directamente al patógeno, si no estaría plenamente seguro de con qué estoy lidiando cuando veo los tejidos enfermos al microscopio.



15 de octubre, 1965.


El doctor Villemin me ha llamado hoy. Ha empezado a realizar cultivos y no está contento con lo que ha obtenido. En algunos ha observado crecimiento de hongos o de algunas bacterias. Pareciera estar molesto conmigo como si yo tuviese la culpa. Le he mostrado las laminillas de los tejidos que obtuve, pero parecen no importarle de mucho. Está desesperado porque esas bacterias crezcan lo antes posible. Está obsesionado con encontrar al agente que causa la tuberculosis. Se molestó con el profesor Pasteur porque él ha continuado otros experimentos y dejado en paz a la tuberculosis. “¡Cómo se le ocurre trabajar con gusanos de la seda!” fue lo que dijo hace unas semanas.

Yo también estoy en eso, pero me interesa saber si los animales también padecen la tuberculosis por el mismo agente y en qué condiciones. Me interesa conocer esos detalles, esas diferencias entre la tuberculosis de los animales y la del hombre. Quiero saberlo para poder evitar el contagio entre los bovinos y el hombre.



22 de enero, 1866.


El doctor Villemin me llamó ayer. No está contento con mi muestreo. Según él, hay muchas muestras contaminadas, me mostró algunos cultivos que no crecieron, en tanto que, de los que crecieron, algunas colonias mostraron diversas morfologías. Insisto en que no se trata de contaminación, pero el doctor no parece querer escucharme. Verificaré todas las muestras con morfologías atípicas para cotejarlas con la histología.



14 de marzo, 1867.


Hoy me siento aliviado. El doctor Villemin por fin accedió a observar las diferencias ente las lesions que presentan los tejidos. Aquellos con agrupaciones granulares y una extensa fibrosis presentan colonias atípicas, todas ellas. Asimismo, utilicé un método muy similar al que propuso el doctor Lister para sanar y descontaminar las heridas quirúrgicas, pero yo lo apliqué para descontaminar todo el material necesario para la colección de muestras.

Utilicé varios macerados a partir de las mismas muestras para intentar varias formas de eliminar gérmenes contaminantes antes de realizar el cultivo (utilicé hidróxido de sodio, hipoclorito de sodio al 10%, ácido nítrico, ácido sulfhídrico al 5%, alcohol etílico al 70% y al 90%). Los resultados le agradaron al doctor Villemin.



10 de abril, 1867.


Ayer fusilaron al príncipe Maximiliano en México. Eso puso fin a otra empresa imperialista de la oligarquía de mi país. Espero que sea la última. Tenemos demasiados problemas aquí como para buscarnos más en otros países.



12 de agosto, 1867.


Hoy empezamos a ampliar el número de animales que debo muestrear. También aumentamos el número de explotaciones bovinas en las que tomaremos muestras.

Los animales caen como moscas, pero no todos por la tuberculosis, la peste bovina y las enfermedades diarreicas también contribuyen a aumentar la mortalidad.

Las condiciones en las que vive la gente en las granjas es muy lamentable. A veces me provoca el llanto, me asusta. Resulta inmensamente perturbador ver a las pálidas madres dando pecho a sus hijos de ojos hundidos, pálidos que no dejan de llorar aquejados por intensos dolores abdominales, disminuidos por las diarreas.

Hoy por la tarde, después de que regresé a casa, un mensajero me trajo una nota del doctor Villemin: se le ha ocurrido que también colecte muestras de perros, gatos, liebres y ovejas.

No cabe duda que quiere tener todo controlado, a fin de no cometer ningún error. Él quiere descubrir al germen de la tuberculosis, revelar todos sus secretos, abarcar cada una de las variables. Lo quiere todo.



27 de septiembre, 1867.


Casi no he salido del laboratorio del doctor Villemin. Mientras el doctor inocula colonias y material caseoso proveniente de cadáveres humanos tuberculosos en ratones, conejos, cuyos y perros, yo analizo y comparo las lesiones de los animales e inoculo material bovino en otras especies.

Otros animales sanos son expuestos a grupos de animales de la misma especie inoculados ya sea con material humano o material bovino. A su vez, cada especie es expuesta a otra especie infectada.

Cada espécimen utilizado es cuidadosamente registrado, todas las condiciones y pormenores son anotadas en bitácoras a las que solo el doctor Villemin y yo tenemos acceso.



17 de febrero, 1868.


El día de ayer llegué tarde (y ebrio) a casa. El doctor Villemin y yo fuimos a beber, pero yo soy menos, mucho menos resistente que él y regresé completamente ebrio a casa y no sé como llegué. ¡Ah! Pero hay bueno motivos para estar feliz y celebrar. No hay lugar a dudas, el profesor Pasteur tenía razón, la causa de la tuberculosis es un germen infeccioso y se transmite por vía aerógena entre varios animales. Hemos notado que el germen que proviene de los bovinos infecta a más especies que el que proviene de los humanos.

Ahora solo falta ver al germen.



26 de diciembre de 1969.


Me ha resultado imposible encontrar al tinte que pueda teñir al germen de la tuberculosis. Desde hace días no he hecho más que maldecir mi suerte. Las cosas en mi querida Francia se han puesto muy difíciles, nos estamos quedando sin recursos para más investigaciones.



25 de julio, 1870.


Se ha desatado la guerra otra vez. De nueva cuenta mi país está ensombrecido, apabullado por las terribles garras de los belicistas, diezmado por las enfermedades. Los sueños imperialistas de la oligarquía en el poder nos ha traído la ruina. Nos hemos quedado sin ejércitos por todas las empresas bélicas de la cúpula. Hoy me reclutaron. Mañana parto para Alsacia.



26 de octubre, 1870.


La guerra continúa, llevamos meses en campaña pero siento que fueran siglos de muertes y sangre. Las enfermedades no cesan en las trincheras. Varios de nuestros soldados han muerto a causa de diarreas y neumonías. La muerte nos persigue en cada rincón y los vivos están tan lívidos como los muertos.



28 de noviembre, 1870.


Hoy me enviaron a una misión de reconocimiento. Aparentemente hay un puesto de vigilancia en lo alto de una colina, desde la cual se puede enviar señales a los refuerzos. Mi misión en encontrar ese puesto y notificar en donde está y de ser posible, matar a los que están en ese puesto, lo cual no me encuentro muy dispuesto a hacer.



29 de noviembre, 1870.


Hoy fue un día bastante extraño. Espero que mis superiores nunca se enteren de esto. Estaba en un árbol vigilando una tienda, justo en el puesto que me dijeron. De pronto vi a un joven cargando leña. Pensé que haría las señales desde el campamento con el humo de la chimenea. Cuando traté de sorprenderlo, él se me adelantó y pronto empezó la refriega. Su resistencia era admirable, parecía estar mejor entrenado que yo, pero en un momento de furia logré dominarlo y estuve a punto de asestar el golpe final con mi cuchillo, pero no me atreví. Lo desarmé y le pregunté su nombre. Me dijo que se llama Robert y que era médico. Una persona que salva vidas no tiene por qué estar en una guerra más que para curar a los soldados heridos, no tenían por qué enviarlo a una misión peligrosa como estar en ese puesto de observación. Compartimos raciones y platicamos acerca de nuestras profesiones. Le conté acerca de mi trabajo con el doctor Villemin y él pareció interesado. A él le preocupaba tanto como a mí conocer al causante de la tuberculosis y también del ántrax. Al final, lo dejé ir con la condición de que hiciera las señales en otro lado y yo le prometí que no revelaría la ubicación de su puesto.



16 de marzo, 1871.


Hoy conocí a un colega veterinario (o casi), joven estudiante de la escuela veterinaria de Maisons-Alfort. Es un muchacho muy entusiasta y tiene ganas de hacer tantas cosas en la medicina veterinaria.



11 de mayo, 1871.


La guerra terminó. Como era de suponerse, la falta de tropas bien entrenadas y de recursos de guerra, las bajas por enfermedades y la necedad de nuestros dirigentes. La guerra terminó y yo regreso a casa. Rezo porque el horror de las trincheras, los fantasmas de los niños muertos, los soldados mutilados y las familias desgarradas no me sigan. Edmond, mi nuevo amigo, me sugirió ir a Maisons- Alfort a probar suerte. “Un maestro como usted nos hace falta”, fue lo que me dijo Edmond. Iré.



23 de julio, 1871.


He comenzado mi trabajo en la escuela de Maisons- Alfort. Por lo pronto continuaré con mis estudios sobre tinción del bacilo tuberculoso, aunque también me interesa la rabia y el cólera de las aves.



19 de julio, 1872.


Ayer falleció Benito Juárez, el presidente de México que defendió la república con uñas y dientes. Siempre me causó admiración que un hombre de orígenes humildes como los míos llegase tan lejos, y sobre todo, su arduo trabajo por instaurar una república que procura la igualdad de los hombres.



17 de abril, 1874.


Hoy me enteré que el doctor Villemin ahora es miembro de la Academia Francesa de Medicina. Se lo merece por su contribución al estudio de la tuberculosis y por los servicios que prestó durante la guerra.



6 de agosto, 1876.


Hoy se graduó mi amigo Edmond. Le ha ido muy bien, ya que le han ofrecido la jefatura de servicios clínicos de la escuela. A lo largo de los años, él ha demostrado ser un estudiante brillante y promete ser un profesional de excelencia.



12 de octubre, 1887.


Se ha encontrado una bacteria nueva. La descubrió un doctor Harz, de Alemania. Es curioso que las lesiones que causa se parecen mucho al cáncer, es interesante pensar cuantos casos de Actinobacilosis pasaron por cáncer o por tuberculosis.



9 de diciembre, 1880.


No me encuentro bien. A pesar de que el trabajo como docente en la escuela de Maisons- Alfort me ha dejado muchas satisfacciones, últimamente me embarga una desazón muy grave, una tristeza muy profunda. Varios de mis seres queridos han sucumbido ante la muerte blanca. Me resulta tan difícil sacudirme la imagen mental de sus rostros sudorosos y pálidos, sus profundas ojeras y sus cuerpos tiritando por el frío que se siente cuando se tiene fiebre. Y sigo sin poder identificar al agente. Cultivarlo es muy tardado y difícil. Ni siquiera con la ayuda de Edmond hemos podido encontrar el tinte adecuado para teñirlo y poderlo observar en el microscopio, y para aumentar mi desgracia, Edmond se fue a Paría a trabajar con el profesor Pasteur. Me muero de ansiedad y de rabia al encontrar solo callejones sin salida en mis investigaciones. El doctor Toussaint, un colega de Toulouse al que conocí hace unos meses, precisamente en Toulouse, me enseñó sus trabajos con el ántrax y el cólera de las aves y está mucho más avanzado que yo.

Pero mi frustración no ha nacido por sentirme rebasado por otros científicos. Es que no puedo proteger a nadie contra ninguna enfermedad. He curado a cientos de animales, pero no he podido encontrar ningún conocimiento útil para evitar el contagio de enfermedades de los animales a las personas. Debo salir de esta y continuar trabajando con más ánimo y más empeño.



21 de octubre, 1881.


El profesor Pasteur hizo una demostración de su vacuna contra el ántrax. Toussaint está furioso. Todo el crédito se lo llevó Pasteur y nadie quiso mencionar al Toussaint. Edmond me dijo que le había comentado al profesor respecto a los trabajos de Toussaint, pero parece que no le puso mucha atención o se le olvidó. No cabe duda que nadie se entera de lo que haces si no lo anuncias. Qué buen ejemplo le habrán dado las gallinas con las que trabajó al profesor Pasteur, si no cacareas nadie se entera que pusiste un huevo.



31 de marzo, 1882.


Estoy completamente inquieto. Molesto pero a la vez entusiasmado. No quiero morir frustrado, maldita sea, ni maldecir mi suerte en mi lecho de muerte. Hace unos días, el doctor Robert Koch, de Alemania, anunció que ha descubierto al germen de la tuberculosis. Ese hombre no nada más pudo cultivarlo correctamente, sino además ha sido capaz de observarlo. Encontró la forma adecuada de teñirlo. El problema no era el tinte, sino la forma de aplicarlo. La fuscina no me funcionó como esperaba porque no supe darle el tiempo adecuado ni la temperatura necesaria ¿Por qué diantres no se me ocurrió antes?

Alguien más le ha arrancado el velo a mi enemigo mortal, ¿cómo se supone que debo sentirme por eso? Y ahora el doctor Villemin me ha enviado una carta preguntándome por las bitácoras en las que anotamos todos nuestros datos. Le he respondido que ambas bitácoras las tiene él. Yo se las di en la mano cuando me fui a la guerra.



27 de marzo, 1884.


Hace varios meses que Edmond se fue a Egipto a investigar un brote de cólera. Regresó hoy por la tarde y como regalo de cumpleaños me contó como hizo Koch para encontrar al bacilo de la tuberculosis. Resulta que agregó agar a las mezclas de papa con verde de malaquita. Paul Erhlich trabajó con él para teñir al bacilo, pero Koch decidió utilizar modificaciones a la técnica de Erhlich, tales modificaciones las hicieron un tal Karl Neelsen y la otra la hizo Ziehl, Franz Ziehl, me parece que dijo. Koch tuvo la genial ocurrencia de unir las técnicas propuestas por cada uno y así pudo obtener una tinción adecuada.



18 de enero, 1885.


He encontrado una forma de hacer la tinción de Ziehl- Neelsen en frío y me ha resultado de maravilla para diagnosticar algunas enfermedades por protozoarios.



17 de mayo, 1886.


Han llegado una serie de casos extraños de vacas que manifiestan agresividad y delirio, como si tuviesen rabia furiosa, lo cual no es lo común en esa especie. Lo curioso de todo, es que todos fueron vacunados contra la rabia con la vacuna que desarrolló hace poco el profesor Pasteur. Hoy analicé varios cerebros de animales muertos por la rabia, los compararé con los cerebros de las vacas que han traído.



11 de junio, 1886.


Es curioso, pero todos los casos que trajeron el mes pasado, a excepción de 2, tenían lesiones tuberculosas en las meninges y en el cerebro. Gracias a la tinción que me describió Edmond, puede observar al bacilo y puedo decir con seguridad que es una meningoencefalitis tuberculosa por Bacterium tuberculosis bovis. Los otros dos casos son de lo más extraño, no sé que diantres lo cause, pero ambos encéfalos estaban porosos, parecían queso Gruyere.

Es posible que el problema de los crímenes de la Rue Morgue no fuese una bestia asesina, sino alucinaciones que sufrieron las pobres gente de ese barrio de estrechas, húmedas, sucias y laberínticas callejuelas, en las que pudo sobrevivir el bacilo tuberculosos, infectarlos y causarles la meningoencefalitis.



12 de agosto, 1886.


El amigo Edmond ha encontrado una bacteria nueva. Curiosamente yo ya había observado las lesiones que causa, pero nunca me pasó por la cabeza que fuera esa bacteria.



13 de noviembre, 1889.


El profesor Pasteur se enteró de mi diagnóstico sobre el caso de las vacas inoculadas con la vacuna antirrábica. Edmond le habló de mi y le sugirió que me llamara. En una semana parto a París para unirme al equipo del Instituto Pasteur. Habrá fiesta dentro de poco, porque le han puesto el apellido de Edmond a la bacteria que descubrió hace unos años.



15 de septiembre, 1890.


La tuberculina de Koch está en boga en el instituto, Edmond insiste en que puede servir para prevenir la tuberculosis, pero yo creo que está equivocado. El doctor Virchow ha estudiado los cambios celulares que ocurren tras la inoculación de esa tuberculina. Estoy seguro que debe tener una utilidad, pero no creo que sirva para prevenir la enfermedad y menos para curarla. Quizá tenga alguna utilidad diagnóstica.



16 de noviembre, 1890


Desde Dinamarca me ha llegado la noticia de que el colega Bernhard Bang ha utilizado la tuberculina de Koch para monitorear a bovinos expuestos a bovinos tuberculosos, todos mostraron una protuberancia en la piel en la zona donde se inoculó. Casi todos los animales que se probaron con tuberculina, se encontró que tenían lesiones tuberculosas.



17 de marzo, 1891.


Hoy, cuando iba de camino al Instituto me tropecé con un mozalbete, me disculpé con él y me miró extrañado. Le pregunté su nombre, me dijo que se llamaba Henri Marie Raymond y le pregunté si no quería trabajar como mensajero del Instituto, se río de mí y me dijo que prefería pasársela en el Moulin de la Gallete. Yo le dije que tuviera cuidado, podría contraer la sífilis. “¿El morbo italiano?” dijo haciendo una mueca extraña “las putas italianas son las que lo hacen mejor” Iba a decir algo más, pero el me dedicó un brass d’honneur y se alejó mientras bebía algo que sacó de su bolsillo. Creo que era esa bebida de ajenjo.

Es curioso que se le siga llamando de esa manera a la sífilis. Qué ganas de denigrar a los demás, me da coraje.

Hemos investigado la correlación que existe entre la tuberculina con la patología. Una gran cantidad de animales que reaccionaron a la tuberculina en realidad estaban enfermos de otra cosa, como actinobacilosis, actinomicosis o nocardiosis. Edmond esta sorprendido. Lo que a mí me sorprende es que hubo una proporción importante de animales que no reaccionaron a la tuberculina, pero que sí estaban enfermos de tuberculosis.



14 de septiembre, 1891.


El doctor Villemin está reconfortado ahora que lo han nombrado vicepresidente de la Academia Francesa de Medicina. Después de tantos años buscando al agente de la tuberculosis, casi nadie ha tomado en cuenta sus contribuciones al estudio de esa enfermedad, esto ha causado que se sienta frustrado y haya perdido toda ilusión de seguir contribuyendo a la investigación de la enfermedad. Qué pena y pensar que estuve por terminar así.



15 de octubre, 1892


Ha fallecido el doctor Villemin. Un aguacero cayó durante el entierro. La familia que le sobrevive carga la sombra de desilusión del doctor. Me ha dejado en herencia las cepas bacterianas que cultivé de muestras de tejidos bovinos y las bitácoras de nuestros trabajos.



10 de junio, 1893.


Edmond me presentó a su estudiante estrella, su nombre es Jean- Marie Camille. Edmond lo ha invitado a trabajar en el Instituto cuando se gradué.



21 de mayo, 1894.


He leído “La máscara de la muerte roja”, un cuento de Edgar Allan Poe. Al principio no entendía a los góticos, pero con lo que yo he visto, en parte los comprendo. Curiosamente, el joven Yersin ha anunciado desde Manchuria el descubrimiento del agente que causa peste. Es increíble como un maldito piojo insignificante puede causar tanto daño al inocular a una entidad tan mortífera.



Un día de 1888.


Sigo pensando en los góticos. En sus caras pálidas y ensombrecidos ojos. Sus semblantes, carentes de esperanza ante el mundo agresivo y lleno de atentados a la vida y la felicidad en cada esquina. Muchos de ellos, víctimas de la tuberculosis o de otras enfermedades mortales, perdieron totalmente el deseo de vivir o la esperanza en el milagro de la vida al saberse enfermos y con un pie en la tumba. ¿Qué esperanza puede haber cuando todo por lo que has luchado, todo cuanto has amado se te arrebata por la nívea mano de la pallida mors?

¿Qué esperanza puede existir si te sabes indefenso ante la atroz guadaña del olvido, del polvo, del llanto de la muerte?

Entre fiebres, entre los tremores tan molestos, pienso en los góticos y en sus razones para estar casi muertos en vida y los justifico y rezo porque un día carezcan de razones para estar así.



1899, sigo sin saber que día es hoy


Camille:

Mi joven colega, creo que hoy se cumplen 50 años de la muerte de Edgar Allan Poe. Él sufrió inmensamente por la muerte de su esposa. El peso insoportable de esa pena acabó por hacerlo sucumbir y todos los fantasmas del oprobio, de lo ominoso lo atraparon y terminaron con él, totalmente indefenso. El cansancio tras el horror se refleja de la misma manera en el semblante de Poe, como en el cuadro que se llama “La miseria” de Cristóbal Rojas.

Tú sabes, amigo, porque al igual que yo provienes de orígenes modestos, que son los más pobres quienes más sufren por la enfermedad, sin embargo no hay quien pueda ampararse contra ella.

Nunca he renunciado a combatir la tuberculosis, pero mi enemigo, nuestro enemigo, ha minado mis fuerzas. Quiero que te quedes con mis colonias bacterianas, todas, desde que empecé a trabajar con el doctor Villemin, las que he utilizado durante mi trabajo en Maisons- Alfort y las que he utilizado en el Instituto Pasteur. Están guardadas en varias latas con leche. Sé que el doctor Calmette quiere buscar la forma de vacunar a la gente contra la tuberculosis.

No hace falta que yo te lo pida. La tuberculosis te arrebató a tu padre, ¿qué más motivaciones tienes para combatirla? No lo sé, pero con esa debe bastar para que continúes tu trabajo contra la pallida mors.

Quiero que uses mis colonias para crear la vacuna. Te suplico que no las cultives como lo hizo el doctor Koch. Hazlo como lo hacíamos el doctor Villemin y yo. Recuerda como perdieron virulencia las cepas viejas que trabajó el profesor Pasteur. No las regreses a la vida con el agar. Tal vez esto te parezca solo el delirio de un moribundo, pero te ruego que no desoigas mis palabras.

Yo sé que tú serás capaz de traer la derrota para la pallida mors. Tú serás capaz de combatirla honorablemente, tú no serías capaz de combatirla con una pasión irracional y ánimos vengativos, sino con toda la fuerza de la razón y la ciencia. Esa es mi última voluntad. Que Dios te bendiga.

Disipa la desesperanza que terminó con Poe y conmigo.


14 comentarios:

Zeta dijo...

Ah que buena historia, me recuerda a las aventuras de Arthur Gordon Pym, y en menor escala a "LA MUERTE ALADA" de Lovecraft.

Excelente mi Signo, rifaste chido.

Alejandro González dijo...

¿Que es lo que suena a masticadas en el blog?

Signo de la Espada dijo...

Zeta: Gracias carnal. Ese de la muerte alada no lo recuerdo muy bien que digamos.

Alejandro González: es una de mis mascotas, es romney, el borrego, tiene un botón de silenciar, por si te molesta.

jota pe dijo...

-- mi guen espada, perdon no me habia fijado que ya tenias nuevo post, ta chido pero bastante laaaaargo, me fascina la pasion de los chavos por escribir escribir escribir escribir pero me parece que deverias recortarle un poco y dejar lo esencial, es mucho como tu, politica, medicina, el drama de encontrarse pero todo hilvanado en una prosa que pasa firmemente, sin titubear pero que cansa, chido, me latio principalmente porque platica de ti, una persona obstinada y pendiente de su ciencia e historia, hay nos vidrios porque ya estoy haciendo lo que critico, mucho rollo, gracias carnal

Signo de la Espada dijo...

J. P.:
jejeje, no creí que imprimiera tanto de mi personalidad en el vato que ni nombre tiene. No pensé que mi prosa pudiera parecer firme. Gracias JP

tazy dijo...

worales (emotición emocionado y sonrojado) mil graicas por la dedicatoria, está chido el cuento. en los primeros dos párrafos no entendí nada pero luego me piqué y me emocioné. yo ni sabía que el antrax era tan viejo, tu, creí que se lo habían inventado los gringos.

me gusto :D

Zeta dijo...

Ese JP, como que recortarle??? si es precisamente lo que se te ocurre y tiene una razón de ser. Yo digo que el Benja se la rifó chido, y no necesita quitarle nada.

LiLitH 2.0 dijo...

hola.! =)
pueees.. qé te puedo decir.?
bastante interesante ii iieno
de datos.. ahora entiendo qe haii mucho sobre lo qual desconozco =/
ajajaj.. no sé xq 'cierto' doctor qe aparece por ahí me recordó a
'cierto' jefe mio xD

aaah.! cierto.. jep, thanks por 'defender mi honor'.. tal parece qe nuu todos entienden la diferencia entre una 'pornstar' ii una 'meretriz'.. O.o

saluditos.! =)

Signo de la Espada dijo...

tazy: siempre es un placer tenerte por aquí. Qué bueno que te gustó. Por cierto, adivinaste qué famoso personaje le hizo un Brass d'honneur al protagonista??

Luego haré un post sobre el ántrax ;)

zeta: es que si es algo cansado en parte por la jerga que manejo en un principio, originalmente iba a ser muy largo (el tipo se iba a morir en 1920, poco después de la fundación de la Officine International de epizooties, pero dije: "ya chole!! se va a morir de casi 100 años el wey, no es creíble" pero no te preocupes solo quiero corregirle unos errorcillos y ya.

Lilith: en realidad es más parecido a cierto asesor que tengo, pero algo hay de eso jejejeje

ah y or cierto, les iba a decir más gacho, pero yo creo que con eso basta para que aprendan a respetar los güeyes, pos què se estaban creyendo??!!

jota pe dijo...

-- zeta, a chinga quien es el benja? me parece que lo mas dificil siempre es escribir poco

LiLitH 2.0 dijo...

.. jep, insito.. 'gracias'.. =)

.. aaah.! sobre mi blog, sí.. estoii de aquerdo en qe no todos se niegan a expresar su afecto y/o sentimientos en los días restantes.. lo qe qería dar a entender es qe para qé instituir 'un día' para eiio si existen otros 364 días [ó 365 si es bisiesto] .. me refiero a qe se vuelve algo 'institucionalizado' ad+ de 'comercial' ii creo qe en questiones de emociones c/u tiene un 'ritmo' diferente en donde c/u sabe cómo expresar su sentir de manera muii partiqular.. como alguna vez, en alguna clase qe iievé, un maestro dijo.. ¿para qé restarle valor a un 'te amo' con el 'mucho'.?
.. ajajaj.. es algo complejo, alguna vez platicaremos sobre eiio ;) .. pero como dije.. iio tmb he de sucumbir al día de hoii.! xD
.. saluditos.! =þ

Pocoyo dijo...

que buen cuento ...
pero estan más bonitas
las mascotas!!!

saludo!

Nienna dijo...

Hola, te vengo a spamear, mañana o el lunes, comienzo con las historias de mitología, así que date una vuelta o si quirees yo te aviso cuando ya esté andando, por si tienes curiosidad sobre más de las historias antiguas, muchso saludos y felicidades por tu blog!

Signo de la Espada dijo...

Jota Pe: Poyóóóóóóó!!

Lilth: adobo, para eso somos los amigos.

POcoyó: yo sabía que alguien las apreciaría alguún día :`C
jajjaajja. Saludos

Nienna:

HOla bienvenida a mi blog. Gracias por la invitación y la felicitaci´n, pero, en cual de los 2 blogs publicarás?

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