martes, 19 de octubre de 2010

Bajo la Sombra del Mal

Me van a tener que perdonar mis lectores habituales, en especial Elver, porque le prometí que el próximo post sería sobre el programa de Adal Mamones y las nefastas consecuencias que tuvo sobre la conducta de los jóvenes en aquella época.

Lo siento de verdad, pero es que hoy amanecí inspirado, en realidad más inspirado como para hacer una historia erótica, pero ya saben que mi hit es el horror, la fantasía y la aventura. En esta  ocasión quise hacer una versión diferente, algo así como un audio cuento.No aparece en este preciso momento porque mi conexión está poniéndose extremadamente pendeja lenta,  pero aun así, cuando la pueda subir al goear y la cuelgue al blog,  por si acaso mi voz les fastidia o mi pésima dicción impide que entiendan un carajo de lo que diga,  los dejo con un número más de

 

BAJO LA SOMBRA DEL MAL

 

Lo único que recordaba era el sonido de las gotas de agua que caían letárgicamente en el lavabo y la visión borrosa que tenía del mismo.

Y un ruido, un murmullo.

No podía recordar nada antes ni después de aquel lavabo goteante. Ni siquiera sabía por qué yo estaba allí. En algún momento me levanté tambaleante. Tuve que hacerlo y pensar en ello me ayudó a recordar poco a poco qué más sucedió, lo malo es que los recuerdos llegaron sin orden, pero después de todo, creo que mi mente lo recordaba así, porque como sucedieron los hechos, no hacía ninguna falta que mis recuerdos aparecieran en orden.

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Mi vista parecía estar encajonada, la visión periférica no me funcionaba bien. Lo primero que hice al levantarme fue ir al baño y abrir la llave del lavabo, pero no había agua, solo continuaba ese goteo pausado. La cerré con dificultad, no me sentía con fuerzas, pero necesitaba cerrarla bien, el ruido ya me había molestado.

Aun tambaleante, según recuerdo, caminé por un estrecho y desconchado pasillo. Los ojos se me cerraban y parecía que avanzaba sin querer por el pasillo o que caminaba sobre una banda sin fin, pues no sentía el esfuerzo de caminar ni recordaba lo avanzado, cada vez que parpadeaba notaba que estaba en otro lugar. Parecía que eran más pasillos. Durante ese recorrido, lo único que recuerdo bien era el sordo rumor de una instalación eléctrica.

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La luz titilante de una lámpara aparecía y desaparecía continuamente de mi vista, alternándose con la visión de un cuarto blanco con una silla de metal tirada y retorcida. Algunos restos ennegrecidos en el piso llamaron mi atención, pero de nuevo, no recuerdo y no entiendo qué pasó ahí. Antes de poder averiguar algo sobre esos restos, escuché otra vez el sonido apagado del goteo del lavabo.

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Sorpresivamente apareció el dolor, un dolor acuciante, tremendo. Entre mis espasmos me aterró la visión de sombras blancas a mi alrededor. Al despertar y volver a levantarme, llamado por ese maldito goteo, pude entender que me encontraba en un hospital. Por alguna razón llegué al hospital más sucio y maltrecho del mundo, no podía ser que se atrevieran a tener instalaciones de esa naturaleza, pero tenía que serlo, necesariamente alguien tenía que haberme cuidado para que superara el terrible dolor.

Sin embargo, llegar a esa conclusión parecía apresurado y me generaba más dudas: si estaba en un hospital y alguien me atendía, ¿Cómo es que no veía a nadie más cuando vagaba por los desconchados pasillos? ¿Cómo es que nadie me impedía levantarme a cerrar la llave del céreo y maculoso lavabo? Y aun así, aunque no estuviera convencido de que no estaba solo, aun cuando las sombras blancas fuesen una ilusión, alguien necesariamente tenía que estar en ese lugar, si no, ¿entonces por qué la llave del lavabo volvió a gotear? Alguien la abrió y pese a mi inconstante percepción de mis alrededores, hasta le fecha estoy seguro que yo no la volví a abrir.

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Pero el desorden de mis recuerdos persistió. El mínimo instante de lucidez que me permitió tener estos razonamientos dio paso al más desesperante aturdimiento. De nuevo me vi caminando por esos pasillos, de nuevo cada vez que parpadeaba me sabía en otro lugar. Entonces llegué a las escaleras, esas escaleras traidoras en las que el aire se enrarecía, se enfriaba y silbaba burlonamente al pasar por las esquinas. Cada escalón que bajaba crujía y cada crujido sonaba como un lamento. Cada vez que bajaba hacía más frío y parecía como si la luz huyera, como si se alejara de mí al mismo ritmo con el que bajaba los escalones y después de eso, el desvanecimiento, la amnesia.

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Despertar de nuevo con el sonido de ese lento, miserablemente aletargado goteo me llenó de rabia y creí que esa rabia me daría fuerzas para levantarme y protestar, buscar a alguien que se encargara de ese maldito lavabo y que se llevara de ahí el mugroso espejo que no me permitía reconocerme en él. Mas fui capaz únicamente de sucumbir a la desesperación de no poder hablar, de ser capaz de tambalearme apenas, de claudicar y caer. Ni supe cómo me volví a levantar, pero lo hice e intenté cerrar el lavabo, me cercioré diez veces y las diez veces dejó de gotear. Volví la vista hacia el espejo y el nebuloso reflejo me mostró la borrosa sombra de alguien que estaba parado tras de mí. Un sobresalto me obligó a dar la vuelta, pero en un parpadeo me vi de nuevo en los pasillos, tambaleante, sosteniéndome de las sucias paredes, temeroso de que colapsaran debido a mi peso.

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No sé si estaba siguiendo a la sombra que estaba detrás de mí en la habitación. Jamás la alcancé y de nuevo me asaltó la duda, no podía estar solo, pero temía que hubiera alguien más en ese lugar. Quise salir de ahí y todos mis intentos fueron infructuosos, siendo incapaz todavía de registrar conscientemente la transición entre un pasillo y otro. Los ojos se me llenaban de lágrimas y cada vez que pasaba mi antebrazo para secarlas, veía que estaba en otro lado. Convencido de que estaba solo, intenté regresar a mi habitación, pero de nuevo fui a dar a las escaleras.

No quería bajar por ahí, no quería volver a escuchar el silbido del viento, ese susurro burlón y mucho menos quería volver a escuchar los gemidos de los escalones mientras era engullido por la oscuridad. Con el rostro bañando en lágrimas, incapaz de luchar contra esa fuerza de atracción bajé los escalones y fui a dar a un oscuro y frío pasillo. Más estrecho que los anteriores, sus paredes estaban mucho más desmejoradas que los otros. Las sucias ventanas apenas dejaban pasar la luz, una luz intermitente, que se movía o daba giros como la de un faro y que cada vez que se iba se negaba a regresar. Conforme avanzaba, de nuevo en contra de mi voluntad, si es que a caso la tenía en ese momento, cada vez que un hilito de luz atravesaba las densamente opacas ventanas, la luz, la preciada luz tardaba cada vez más en aparecer.

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De pronto vi una luz titilante frente a mí, salía de una habitación y cuando estaba cerca de esa luz, otras más se encendieron en las habitaciones contiguas y a lo largo del pasillo se podía ver una senda de luz parpadeante, blanca, esperanzadora. Caminé hacia esa luz y miré hacia el interior de la habitación, al principio creí que veía borroso debido a las lágrimas que había derramado, pues me pareció ver rostros traslúcidos flotando en el aire.

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No podía hablar y tampoco lo intenté, quise que hubiera alguien en las habitaciones, que me vieran y que me ayudaran a salir de ahí, que me explicara alguien que era lo que sucedía. Pero las habitaciones parecían estar vacías y de nuevo observé en una de ellas varias figuras humanas traslúcidas flotando en el aire. Seguí caminando y las demás habitaciones contenían a esas figuras, reían y se distorsionaban, parecían derretirse y desvanecerse, pero el sonido de sus risas perduraba.

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De nuevo reinó la oscuridad. Las risas cesaron y solo podía escuchar el susurro provocado por el arrastre de mis pies. Mis manos temblaban y sudaban. Las lágrimas volvieron y escuché el silbido del viento en la esquina del corredor. No me atreví a volver la vista atrás. Me recargué en una pared y de nuevo escuché el sordo rumor de la instalación eléctrica. Me tambaleé hacia las escaleras y aunque esperaba volver a escuchar el crujido de los escalones, lo que escuché fue el goteo aletargado e insidioso del lavabo en mi habitación.

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Lo siguiente que recuerdo es que el dolor volvió y volví a ver a las sombras blancas a mí alrededor. Escuché un crujido. Volvieron a aparecer las figuras traslúcidas que se derretían en el aire. Volví a sentir el frío de las escaleras, volví a sentir que la luz huía de mí. Una y otra vez la visión de los pasillos se sucedió ante mí como si el ciclo se fuera a repetir eternamente.

Una noche me di cuenta que estaba arrastrándom1281924293412e en unos matorrales y luego me estaba tambaleando en una carretera. No sé cuánto caminé, no sé en donde estuve. Aun hay muchas cosas que mi mente no ha podido procesar.

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No sé cómo me hallaste, pero por sobre todas las cosas, no soy capaz de entender ¡por qué demonios me trajiste de nuevo a este maldito hospital!

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Les gustó?

6 comentarios:

pahesol dijo...

Muy buneo, d(^_^)b
Me gusto bastante, lo sentí con un ligero estilo de Edgar Allan Poe (lo que hace la fama ¬¬).

Bastante interesante, pero como que me marea un poco, estas en una habitacion, en el hospital, de regreso al cuarto, luego en un pasillo, parese que el personaje hubiera fumado algo.

Oh, bueno asi lo sentí yo.

Ernesto dijo...

Al principio el programa de Ramones me parecía fresco, original y divertido, pero un día habló de política, invitó a políticos a hacer payasadas y descalificó a los que no se prestaron a ser ridiculizados, entonces enseñó el cobre de vasallo del sistema y desde entoncers lo aborresco.

Tu relato es excelente, creas una atmosfera paranoide aterradora. Gracias.

Mantovanni dijo...

jajajajajaja el beto como hellraiser jajaja como siempre buena historia mi signo!!!!!!

El Signo de La Espada dijo...

Pahesol:
Muy bueno te pateo sin freno!! jajajaja

El personaje no fumó nada... el autor tampoco

Gracias.

Ernesto:
Creo que voy a tener que hacer el post de Adal Mamones, pese a que sigo teniendo dificultades para no encabronarme cuando me acuerdo de él jajajaja. Gracias, Ernesto, gusto de comentar por aquí de nuevo.

Manto:
Mi estimado Mantovanovsky, qué gusto tenerte de regreso en la blogósfera y en especial aquí en tu casa. Saludos

MoKa Mola dijo...

Interesante y estresante. Cada palabra, cada oración me daba esa sensación de confusión, claustrofobia y desesperación

¡Muy bien!

El Signo de La Espada dijo...

Moka:

Muchas gracias, Moka! qué bien que causé ese efecto!

gracias de nuevo!

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