martes, 11 de agosto de 2009

Lluvia, Selva y Humedad (capítulo 4 de mi novela. Frag. 1)

Hey, hola a todos, otra vez vengo a postear otro pedazo de mi novela. Esta vez, vengo a enmendar el error de la vez pasada. Este es el capítulo 4 que según yo ya había publicado en el blog, pero no fue así. Este fragmento NO es del capítulo 10, sino del 4. El capítulo 10 continuará una vez que termine de postear todos los fragmentos del capítulo 4, ok? No se vayan a enredar, en todo caso, cada fragmeneto estará tendrá su enlace en la barra lateral en donde dice "estocadas varias" No hay pierde.

Antes de comenzar quiero comentarles algo. Hay veces que quisiera ser un león. ¿Saben por qué?

Porque un león se la pasa echado todo el día.

Los leones cazan a la hora que se les da su chingada gana

Podría agarrarme a madrazos con otros leones.


Y chingar a las hienas.



Además, durante los tres a seis días que dura el celo de la leona, los leones copulan durante todo el día. Prácticamente no comen, apenas duermen. Descansan tantito y le siguen dando caña.



Pero por encima de todas las cosas, me gustaría ser un león porque hasta donde tengo entendido los leones no sufren de esta PUTA SINUSITIS DE MIERDA QUE YA ME TIENE HASTA EL CULO.

En fin. Poco a poco se mi irá quitando el dolor. Mientras tanto los dejo con este fragmento de la novela, que la disfruten!

LLUVIA, SELVA Y HUMEDAD


Para todos los ahí presentes, el tiempo se detuvo sin que les fuera posible determinar cuanto, ni siquiera repararon en ello, todo se les fue en atestiguar el imposible escenario que tenían enfrente. Nada podía haberlos hecho suponer que eso sucedería, en ninguna de las siete mentes presentes se concibió posibilidad o riesgo alguno de que eso sucedería. Al menos no materialmente, no de manera cognoscitiva, de manera intuitiva sí, pero sólo Bernardo lo presintió y no fue capaz de interpretar sus sensaciones.

- ¡No mames!- gritó Luis- ¡No mames! Ora como le hacemos pa’ sacar al fantasma de ahí.

- ¿Qué madres pasó?- inquirió Bernardo para sí apretando los dientes.

- ¿Qué mamada es esta?- preguntó Víctor, pensando que se trataba de una broma.- Ey, pinche fantasma, no seas mamón, ya me quiero ir a mi casa, cabrón.- Hizo una pausa mientras Luis profería algo- ¡Ya salte!

- ¡Vete a la verga! ¡No mames!- gritó Luis de nuevo, mientras Víctor hablaba.

- ¡Roge!- gritó Roberto mientras rodeaba el árbol- ¡Roge! ¿Dónde andas?

José y Gerardo se quedaron mudos desde el principio y Homero no mostraba alguna emoción, pero pronto se impacientó y caminaba de un lado a otro dando grandes zancadas. José comenzó a rodear el árbol junto con Roberto y también llamaba, dudoso, a Rogelio. Bernardo y Víctor se sentaron en la banqueta mientras Luis era incapaz de salir de su pasmo. Homero se acercó al árbol y comenzó a reclamar:

- ¡Chinga tu madre, pinche Rogelio!- dijo con un incierto rictus.- Ya vámonos, cabrón- dijo mirando a Luis.- Que se quede este güey con sus mamadas.- finalizó, no muy convencido.

- ¡No, cabrón!- exclamó Luis, ofendido.- Tú viste que al fantasma se lo tragó el árbol. Tú lo viste, pinche loco.- dijo mirando a Bernardo- Tú lo viste, Víctor. – Señaló luego a José.- Tú.- José asintió con la cabeza y Luis miró de nuevo a Homero.- ¡Ahí’stá! Hasta el pendejo de la bestia lo vio.

- No seas mamón, pinche Luis.- respondió Homero mirando a Luis con cierta frialdad.- Este güey no más anda chingando.

- ¡Cabrón! ¡Todos lo vimos, no pinches mames!- explotó Luis.

- No es por chingar.- intervino Víctor.- Pero si Rogelio se estuviera escondiendo ya lo hubiéramos visto, porque contrasta en la oscuridad, en todo caso aquí mi cuate Luis sí se podría esconder y hasta eso los veríamos a cualquiera de los dos, porque ninguno está tan chiquito, cuate.

- ¡Vale verga!- Refunfuñó Homero y soltó un golpecito a la ceiba.

José, Gerardo y Bernardo se percataron de algo que los perturbó aun más, los nudillos de Homero penetraron la corteza del árbol y cuando los nudillos salieron de ella, estaba intacta.

- Valín- dijo Bernardo con seriedad y no volvió a hablar hasta que su amigo lo miró a los ojos.- Vuelve a darle un golpe al árbol.- ordenó

Homero lo miró confundido sin saber que responderle y entonces intervino Gerardo.

- Sí, dale otro, cabrón.- dijo apremiante.- ¡Dale!

- A ver.- dijo al tiempo que golpeó al árbol, esta vez más fuerte.

Homero pudo darse cuenta que su puño se hundía en la superficie del árbol sin que se dañara. Dejó su puño dentro unos segundos y lo retiró al sentir algo frío y húmedo. Sacó su mano y se la mostró a sus amigos, la tenía mojada.


Hasta el próximo post.

5 comentarios:

Zed dijo...

Ese mi Simba!!!

Está padre el capítulo 4, me encantó el concepto mexicano de "mentándole la madre, hasta los fantasmas se van".

Esto se pone mejor mi estima'o.

Ministry of Silly Walks dijo...

Yo ya quiero el libro completo!!

El Signo de La Espada dijo...

Zed:
Já! ese mmi Simba, ora sí me hiciste reír!!

Ah, el fantasma es bien cabrón. Qué bien que interese y que llame la atenciòn esta madre. gracias, muchas gracias


MSW:
Uy, Ministry, para eso faltan varios capítulos. pero tu reclamo me infunde valor y ánimos para esmerarme más. Así pues, espero que salga publicada a finales de 2010 o mediados de 2011, si bien me va, jeje. Muchas gracias

MoKa Mola dijo...

Miedo total jajaja. Pero cuanta curiosidad...

Saludos.

El Signo de La Espada dijo...

Moka: Miedo? Total? ah chingá, por qué?

Esto se pondrá mejor, nos leemos luego.

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