lunes, 24 de agosto de 2009

Diáspora, capítulo 10 de mi novela (fragmento 4)

Hey, hola a todos, acá siguiendo con el atodamadrismo. Les va el último fragmento del capítulo 10.

No sabían por donde salir y se fueron con mucho cuidado por los corredores, en uno de los claros vieron a un grupo de bestias como las que les habían caído encima la noche anterior, pero para su fortuna estaba dormidos. En otro de los claros alcanzaron a divisar una patrulla de búsqueda y otra más venía por uno de los corredores, a lo lejos se escuchaban los pasos de otro grupo al que habían dejado atrás.

- ¿Ahora qué hacemos?- jadeó Roberto

- Pues ni pedo, a cruzar corriendo- dijo Homero

- No seas mamón, pinche Valín.- bufó Bernardo- Nos van a ver y nos van a culiar.

- ¿Prefieres esperar en los árboles?- preguntó Homero

- No, loco.- se quejó Luis.- Estoy hasta la madre de trepar árboles.

- ¿Cómo la ves, muerto? ¿Te avientas?- preguntó Bernardo.

- Vamos, chingue a su madre.- dijo resignado.

Los jóvenes arrancaron con toda la fuerza que les quedaba y cruzaron el selvático laberinto, sorprendiendo a los hombres armados que los buscaban. Aunque lograron verlos, los jóvenes pudieron aventajar a sus perseguidores. De nuevo encontraron un sendero y corrieron a través de él perseguidos por los hombres armados, quienes disparaban sus flechas, pero estas se clavaban en el suelo varios metros detrás de los jóvenes. Algunas decenas de metros más adelante se encontraron con un ancho y violento río. Sin pensarlo dos veces se lanzaron en él y gracias a la fuerza de la corriente pudieron cruzarlo, aunque fueron desplazados varios metros hacia el poniente. Al llegar a la orilla corrieron velozmente a resguardarse en la floresta cercana a la playa del otro lado del río. Por fin parecían estar a salvo de sus perseguidores, a menos que se atrevieran a cruzar el río también, pero al parecer no lo hicieron.

Tardaron varios minutos tirados en el suelo resollando, tratando desesperadamente de recobrar el aliento y recuperar las fuerzas y de nuevo el hambre los atacó con esa tremenda dentellada en el estómago. Roberto ya tenía agruras y a Bernardo le empezaron a temblar las manos. Comenzaron a buscar comida de nueva cuenta y la búsqueda fue infructuosa por una hora más. En eso vieron unos pájaros y Luis, desesperado, ni siquiera se fijó que clase de animal era, sí tenía más o menos buena cantidad de carne, simplemente se limitó a lanzarles piedras y lo mismo hicieron los demás. Era tanta su hambre. Con unas hojas y ramas hicieron un fuego y asaron dos aves para cada uno. Con el hambre que tenían les supo a gloria.

Mientras comían se sentían a medias reconfortados. Luis y Homero estaban visiblemente malhumorados.

- ¿En qué piensas, Homero?- preguntó Roberto.

- Pienso que deberíamos regresar. Estamos en mucha desventaja.

- No podemos regresar- dijo Bernardo.- No somos una panda de mojones como para dejar a nuestro amigo aquí.

- No hay por dónde empezar a buscar- replicó Homero.

- Esos cabrones lo tienen.- dijo Luis- tendríamos que entrar a su territorio y ellos nos superan en número.

- Podríamos entrar sin ser vistos- dijo Bernardo.

- No digas pendejadas, loco.- dijo Luis- Yo ya no quiero estar aquí.

- Luis- dijo Bernardo mirando seriamente a su amigo y señalándolo con el hueso del ave que estaba comiendo.- El fantasma es nuestro cuate, a ese güey lo conocí por ti. No entiendo como es que ya no quieres encontrarlo.

- Porque estoy golpeado, tengo un corte y una pedrada en la espalda, tengo hambre y estoy hasta la madre de esta puta humedad- dijo quitándose los mocos que le escurrían de la nariz.

- Cabrón,- bramó Bernardo levantándose- a mi me cayó un animal encima. Si no me lo quita el muerto me mata. Traigo dos latigazos en la espalda ¿tú crees que me gusta que me den latigazos en la espalda? ¡Odio los putos látigos! Pero aunque me den 500 latigazos tenemos que regresar con Rogelio ileso.

- Tú solo lo dices porque querías con su prima.- se quejó Luis.

- Que se murió hace dos años, gracias- dijo ironizando, profundamente ofendido.- ¡Hijo de la chingada! ¿La tenías que mencionar?- gritó Bernardo a centímetros de la cara de Luis.

- ¡A la verga!- gritó Luis dando la media vuelta.- Velo a buscar al culo del diablo si quieres.

- Yo también me voy- rumió Homero, enfadado- pónganse de acuerdo y ahí me avisan.

- ¿Qué?- preguntó Bernardo petrificado y miró a Roberto.

- Voy a ver si los convenzo de regresar- dijo nervioso- espérame.

- ¡Pinche muerto!- gruñó Bernardo que se quedó solo junto al fuego que se apagaba a medida que la incipiente lluvia se convertía en tormenta.

4 comentarios:

Lordonbest dijo...

Wao!!...y así termina todo este rollo?, de verdad tienes madera para ser escritor, saludos Brother.

que tengas una buena tarde.

Almendra dijo...

Pero que buena es tu novela, no había tenido oportunidad de escribirte por leerte, pero creo que igual vale.

No dejes de hacerlo, eres realmente bueno. Felicidades!

magnolia dijo...

caramba que post, lo leí todito si me gusto, saludos.

El Signo de La Espada dijo...

Lordon:

No termina aquí, aun falta un poco. El siguiente capítulo quizá sea el último que postee, jeje. Gracias, saludos.

Almendra:
Milagrazo!! jeje qué bueno que puedas comentar de nuevo, te agradezco que te tomaras la molestia de revisar los demás capítulos.

Magnolia:
Bienvenida, muchas gracias. Espero vuelvas por acá

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