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jueves, 8 de agosto de 2013

Historias del folklore de mi pueblo: una de La Cocha Enfrenada.

Antes de entrar en materia, mis queridos lectores, deben saber que en mi tierra, en Tapachula, se tiene la creencia en un ser mítico conocido como La Cocha Enfrenada. En términos generales, se trata de una variante del nahualismo: brujos que se transforman en animales, en este caso se trata de una cerda (en Chiapas se le dice "coches" a los cerdos). Se le dice Cocha Enfrenada porque se distingue al monstruo de un cerdo normal porque a diferencia de estos últimos, La Cocha Enfrenada mira siempre hacia arriba  (cosa que los cerdos no pueden hacer, a menos que estén sentados como perros, cosa que rara vez hacen), como si llevase un freno o una rienda, misma que, de acuerdo a la tradición, es tirada por el mismísimo diablo, Lord of Terror.

Se supone que las historias de La Cocha Enfrenada se conocen por todo el estado de Chiapas, pero lo cierto es que se conoce más por la región del Soconusco, dicen los huixtlecos y los huehuetecos que la cocha enfrenada es original de ellos, pero todos sabemos muy bien que son mampos y todo se lo copiaron a los de Tapachula.

Va Mi historia, no verídica por supuesto.


Ya hacía una buena cantidad de meses que no pisaba mi tierra natal, así que desde el primer día de mis ansiadas vacaciones me dediqué a vagar por mi adorada ciudad. Como no deja de ser un pueblo pequeño, no faltó encontrarme a alguno que otro conocido, pero me dio más gusto encontrarme a Arcelia, antigua estudiante mía, de cuando trabajaba en bachillerato.

Aunque fugaz, el momento fue grato y quedamos de vernos por la tarde, en un café. Así pues, por la tarde conversamos cerca de tres horas y al cabo de las 8 de la noche ella partió a su casa, negándose a que le diera un aventón, pese a que insistí. Me quedé un poco extrañado ante la insistencia de Arcelia de irse a casa sola y rumié un rato más esa extraña sensación, acompañándola con más café. Luego decidí seguir rumiando mientras paseaba en el auto.

En el camino, sentí un leve olor a cerdo, me revisé las axilas y no era yo. Bajé los vidrios, pero el olor persistía, haciéndose cada vez más intenso. Me detuve cerca del poder judicial, bajo una farola para revisarme los zapatos, pero en cuanto me bajé del auto, la farola se apagó, así que tuve que revisarme con la luz de los faros del auto. Nada, las suelas de mis zapatos estaban tan limpias como una pila bautismal.

Al día siguiente, el auto seguía oliendo a cerdo, así que lo llevé a lavar. Mientras, volví a dar una vuelta a pie. De nuevo me encontré a Arcelia y volvimos a quedar por la tarde. Recogí mi auto y me sentí muy enojado al notar que el olor a cerdo, no solo se no se había eliminado, sino que se intensificó. No me quise llevar el auto a mi encuentro con Arcelia y llegué un poco tarde.

Durante la plática, ella se mostraba ligeramente ausente por momentos. De pronto noté que movía ansiosamente los pies y mientras la tarde avanzaba, su ansiedad crecía y comenzó a mirar de un lado a otro.

- ¿Estás bien?- pregunté con muchas reservas.
- Sí, no te preocupes.- respondió nerviosa.
- ¿Esperas a alguien?
- No, para nada. ¿Cómo crees?- respondió ella, volviendo momentáneamente a la normalidad.

De nuevo, ella insistió en volver sola a su casa. Tiempo atrás ella me contó acerca de un novio acosador y temí que el tipo volviera a molestarla. Mientras caminaba deshice esa idea, de ser así, ella no se habría arriesgado a ser vista en público conmigo. Comencé a jugar con una moneda mientras me dirigía a casa, tratando de disipar mi preocupación por la inusitada ansiedad en mi amiga.

Cuando volví a poner atención al camino, me encontraba por las canchas de futbol de Bancrisa. No me había dado cuenta del enorme agujero que habían abierto en el medio de uno de ellos, me llené de indignación y grité:

- Pónganse en fila para patearles el culo.

Con la poca luz que llegaba desde las farolas de la calle, comencé a examinar el agujero, intentando comprender cuál es el propósito de excavar media cancha de fucho. Mientras lo hacía, volví a sentir el olor a cerdo del día anterior. Cuando me di la vuelta me encontré con un cerdo enorme detrás de mi, sus ojos brillaban como antorchas. Emitió su característico ronquido y se abalanzó sobre mi. Salté instintivamente y en cuanto caí al piso comencé a correr. No quería volver la vista atrás, pero no lo pude evitar, la bestia seguía detrás de mi.

No tardó el cochino animal en darme alcance, como pude, aceleré y pude ponerme a distancia de su hocico, pero no por mucho tiempo, entendí entonces que no podría quitármelo de encima corriendo, sino enfrentándolo. Me detuve jadeante y esperé a que el cerdo volviera a lanzarse contra mi, me hice a un lado y le asesté una fuerte patada en la región poplítea, entiéndase, la parte posterior de la rodilla. El cerdo chilló y se alejó, engullido por la oscuridad de la que había salido.

Llegué a casa muy agitado. Pensando en mi agitación recordé el nerviosismo de mi amiga de horas antes. La llamé a su móvil, pero no me respondió. Quería saber si había llegado bien a su casa, pero no respondió a los siguientes intentos. Me quedé despierto hasta tarde, inquieto. Luego me quedé pensando, que no tenía de qué preocuparme, ella con frecuencia deja de responder y más preocupante debía ser que ella llegara a tiempo a las reuniones, o que asistiera a las mismas.

En serio, nunca antes había asistido a reuniones conmigo. Pensando en ello, algo me distrajo, de nuevo el olor a cerdo. Un sordo ronquido se escuchó al fondo de la casa. Me levanté del sillón y me dirigí hacia donde se originaba el ruido, pero no había nada.

Me costó mucho trabajo dormir esa noche y desperté cansado, aun así me fui a dar una vuelta. Cual sería mi sorpresa de volver a encontrarme a Arcelia. No pude dejar de notar que estaba cojeando.

- Oye, ¿por qué cojeas?
- Ay, no sé. Yo creo que me caí de la cama o algo así.- respondió ella.
- ¿Cómo que crees que te caíste? Esas cosas las notas. A fuerza te despiertas.
- Ay, no sé... mejor hablemos de otra cosa.-

Al responderme con tal irritación, preferí hacer caso de su proposición y me despedí de ella, sin invitarla a vernos, pues ese día me encontraría con mis amigos para jugar cartas. La sesión fue larga y agotadora, pero igualmente placentera. Al volver a casa noté que no había luz y sentí un terrible olor a azufre, corrí a buscar la lámpara de gas y al encederla vi la sombra de un cerdo y tras ella, la sombra de una figura humanoide.
Miré por todos los rincones de la casa y no había nada fuera de su lugar, el olor a azufre se desvaneció y me dirigí a la cama. Me quedé dormido rápidamente y de pronto sentí una fuerte presión sobre el pecho, sentía como si me colocaran dos hierros candentes. Apreté los dientes, soportando el dolor y abrí los ojos mientras intentaba incorporarme y manotear para quitarme de encima ese terrible peso sobre el pecho. Lo que vi me llenó de horror: era el mismo cerdo de la otra noche, el de los ojos como tizones incandescentes. Le solté varios puñetazos y solo le di al aire, ¡pero el animal seguía ahí, frente a mi cara!

Tan repentinamente como apareció se devaneció. Durante el resto de la noche no pude dormir y el hedor de la bestia persistió en mi casa. Salí muy temprano, casi al amanecer. Fui por el mercado Sebastian Escobar a ver si todavía estaban los baños públicos, afortunadamente los hallé y tomé un largo baño. No quise bañarme en casa con esa pestilencia que no pude amortiguar de ningún modo.



viernes, 12 de abril de 2013

Historias del folklore de mi pueblo: Más negro que la chingada.

Más negro que la chingada.


Con mucha dificultad desperté cuando el avión aterrizó. Aunque el viaje de la Ciudad de México a Tapachula dura un par de horas, sentí que había dormido más de seis. Fui el último en salir del avión, la sobrecargo, pese a que me dió las buenas noches con una sonrisa, reflejaba enfado en su mirada. Como consecuencia de mi tardanza, no alcancé paraguas de parte del personal del aeropuerto. El avión había aterrizado en medio de una fuerte tormenta. Me encongí de hombros y caminé hacia la banda de reclamo de equipaje.
Aunque el avión iba lleno y Tapachula es una ciudad pequeña, no vi a nadie conocido, así no me dio tanta vergüenza pasar empapado por mi equipaje y atravesar en tal guisa la sala de espera. Caminé tranquilamente hacia el estacionamiento. La lluvia amainaba conforme me acercaba a mi automóvil. La lluvia lo había limpiado parcialmente de las excretas de los zanates que viven en los árboles del estacionamiento. Una de esas oscuras aves graznó de pronto, miré hacia donde provenía el sonido. Me ayudó a espabilar. Un nuevo graznido me puso alerta. Este sonido era más bien un pitido, un grito cortado.
¡Piú! –el pitido cruzó de nuevo el aire nocturno. Me metí al auto y de nuevo graznó el ave–. ¡Piu! ¡Piu! ¡Zipiú!
Ese último graznido me incomodó un poco, toda mi vida había visto y escuchado a los zanates y jamás escuché que emitieran un “zipiú”. No le di importancia y me dediqué a limpiar mi parabrisas mientras los autos abandonaban el aeropuerto, de manera que fui el último en salir. No llevaba prisa, nadie me esperaba en casa, dado que mis padres estaban en Morelia.
Parecía que yo era el único en la carretera, iba tranquilo, pero de pronto me vi obligado a frenar bruscamente, pues una oscura figura había pasado frente a mis ojos. No supe si era un niño o un perro. Me orillé y me detuve, abrí mi puerta y saqué medio cuerpo del auto. No podía ver nada y no tenía una lámpara sorda a la mano. Inspeccioné mi auto, pero tampoco pude ver si tenía alguna señal de impacto. Me convencí de que no arrollé a alguien o algo, pues no escuché ningún golpe. Antes de volver a mi asiento escuché:
–¡Piu! ¡Zipiú! –el repentino graznido me espantó.
–Chinga a tu madre, pinche zanate –gruñí mientras me acomodaba el cinturón de seguridad.
Me olvidé del susto que me llevé en carretera y cuando llegué a casa, en lugar de bajar mi equipaje, me fui directo al baño a quitarme la ropa mojada, darme una ducha y acostarme sin más. Desperté de nuevo con mucha dificultad, entre sueños extraños en los que las paredes se cubrían de lianas, que pronto se ennegrecían. Me había dormido con las ventanas abiertas, aprovechando que la lluvia dejó una noche fresca. Al levantarme noté que había un zanate herido en mi cuarto, lo perseguí un par de minutos antes de poderlo capturar y, cuando lo hice, me dí cuenta que tenía una pata fracturada. Me hice de un par de abatelenguas de madera y cinta adhesiva y le dije al ave:
–Me vas a mentar la madre, pero es por tu bien. Al cabo, ayer se la menté a uno de tus congéneres, capaz que eras tú.
Obligué al ave a beber y le dejé algunos granos en un cuenco antes de proceder a entablillarle la pata. Le coloqué cuidadosamente un antiinflamatorio en gel y finalmente entablillé la pata. El zanate graznó intensamente por cerca de cinco minutos, hasta que se tranquilizó y aceptó que lo dejara en una caja junto al cuenco con granos. Al cabo de una hora, empezó a comer y lo dejé en una esquina de la sala. Me propuse dejarlo una hora o dos para no importunarlo más de lo necesario.
Me dirigí a mi automóvil para sacar de ahí la maleta que había dejado por la noche. Cuando volvía a la casa, miré de reojo la parte delantera del auto. Me detuve y me acerqué a ver algo que me llamó la atención. El cofre estaba manchado de negro, parecía lodo. Me quedé pensando un momento, tratando de recordar si ya estaba así cuando lo abordé en el estacionamiento del aeropuerto. No era fácil saberlo pues estaba cubierto de mierda de pájaro. Quizá se habría manchado en el camino, cuando me orillé. Pero no era lodo, pasé los dedos y se me quedaron manchados, como cuando se pasa la mano por una página escrita a lápiz. Jugueteé con esa sustancia entre mis dedos por unos segundos, parecía más denso que el grafito. Me lavé las manos y contemplé como esa sustancia se disolvía en el agua y lentamente se desvanecía en el lavabo. Sacudí la cabeza, confundido, incapaz de comprender por qué me hipnotizó esa sustancia.
Deshice mi maleta y desayuné antes de salir. Me hacía falta volver a mi barrio. A la vuelta miré la calle con nostalgia y enumeré uno a uno los cambios que había sufrido durante más de quince años. Uno de esos cambios era una cocterlería que abrieron por allá del año noventa y siete. Antes de eso, había un terreno baldío con una ceiba bastante grande. Ahí jugábamos a las escondidas. Mi memoria voló y me sustrajo de este mundo. Recordé una ocasión en la que me tocó buscarlos a todos y salí corriendo espantado porque en en medio de la búsqueda vi un par de ojos y una sonrisa, sin poder distinguir el contorno de un cuerpo en la oscuridad. Un nuevo vecino se había unido al juego, tenía la piel muy oscura y jugaba vistiendo solo un short azul marino.¡Imposible de encontrar!
Por culpa mía, a ese muchacho le apodaron El Zipe, pues yo creí haberme encontrado con esa mítica criatura, producto del folklore local. Nunca supe el nombre de ese muchacho, pero siempre que no se riera, era casi imposible hallarlo. Ahora, ninguno de los muchachos de aquel entonces se encontraba en ese lugar. Todos se habían ido, solo los padres de un par de ellos se quedó a vivir allí. Me fui caminando cabizbajo, arrastrando un poco los pies, pero luego volvió a mi el ánimo.
Luego de tomar un largo paseo a pie por la ciudad, regresé por la cuarta sur, eran cerca de las seis de la tarde y los zanates se dirigían frenéticos hacia los árboles, como si fueran una plaga de langostas. El ruido que hacían me recordó al zanate que había dejado en casa. Así que apresuré mi paso para revisar como seguía, pero hice una parada para comprar un pollo frito.
Al llegar a casa, fui de inmediato a la caja donde había dejado al zanate. Este graznaba mientras picoteaba su pata entablillada. Noté que se había comido todo el grano que le dejé y también el agua. Le llevé más agua y le dejé una pierna de pollo desmenuzada.
Sé que ustedes son medio carroñeros. Come. –el zanate hizo caso omiso del agua y la comida y siguió quejándose del entablillado–. Si te pongo un AINE te clavas, puto.
El ave cesó sus quejas y me miró fijamente por unos segundos.
Come –le dije mientras me alejaba, sintiéndome perturbado por la mirada del ave, no pude evitar pensar que ese animal me entendió.
Más tarde tapé la caja con un lienzo, para que el ave pudiera dormir y lo llevé a otra habitación, así podría ver la televisión sin importunar al zanate. Me quedé dormido en el sofá, me levanté varias veces en la noche acosado por sueños perturbadores. Por la mañana, no podía levantarme y me veía subiendo una escaleras en espiral, no sabía si era una torre o un faro. Al final, podía ver una ventana, y mis manos se hacían negras y porosas, como el carbón, luego la ventana se convirtió en espejo y en él vi mi rostro pálido, mis ojos parecían un par de carbones encendidos. Me quedé paralizado y mientras mi rostro se ennegrecía hasta volverse completamente de carbón, a la vez que el edificio se llenaba de lianas y colapsaba. Abrí mis ojos lentamente, como si mis párpados pesaran mucho, sintiendo un fuerte escozor. Me incorporé y en el piso estaba el zanate mirándome.
¿Qué putas haces aquí? dije aún somnoliento.
Tomé al ave y la llevé a la habitación donde había pasado la noche anterior. La caja apestaba a heces y la tiré a la basura. Conseguí otra caja y coloqué al ave en ella, de nuevo la alimenté y le di de beber. No me atreví a retirar el entablillado, me quedé pensando en qué podía hacer para mitigar el dolor, pero al parecer, el zanate ya no estaba adolorido.
Durante el día me quedé en casa, rumiando lo que había soñado. A lo largo del día vi al zanate en más ocasiones. Parecía más tranquilo, devoraba todo lo que le daba. Por la tarde, mientras bebía una cerveza y disfrutaba de una película en la televisión, de pronto me sobresaltó el graznido del zanate:
¡Zipiú! –graznó. Yo salté en mi asiento y miré a mi derecha, de nuevo, el zanate se había salido de la caja–. ¡Zipiú!
¡Hijo de la chingada! –gruñí–. Casi tiro mis palomitas por tu culpa.
El zanate aleteó y se posó dificultosamente en el brazo del sillon que estaba ocupando y se acercó un poco temeroso a las palomitas de maíz que estaba comiendo, las miró detenidamente y comenzó a comérselas de a una por una, con ferocidad.
¿No quieres una chela también, cabrón? ¡Pinche pájaro!
¡Ark! –graznó el zanate por toda respuesta.
Me levanté de mi asiento para preparar más palomitas, de regreso, el zanate ya había diezmado mi platón. Serví las que acababa de sacar del horno de microondas y dije:
–Ahí te quemas.
¡Ark! –respondió el zanate, alejándose del aire caliente que emergía del plato. ¡Zipiú! –graznó tras engullir otra palomita.
¿Desde cuando hacen ustedes ese ruido? –le dije mirándolo fijamente. El zanate me miró de igual manera.
–¡Zipiú!¡Zipiú! –graznó desesparado el zanate y aleteó hasta su caja.
Me encogí de hombros y me tomé un par de cervezas más, de cuando en cuando miraba si el zanate se salía de nuevo de su caja, pero no lo hizo. Por la mañana, muy temprano desperté, pero no abrí los ojos y me di la vuelta en la cama un par de veces. De pronto escuché una vocecilla que me decía:
Regálame carbón.
¿Carbón? –respondí con voz ronca–. No tengo.
Regálame carbón ––repitió la vocecilla.
¿De dónde quieres que la saque, hermano? No tengo carbón, papá.
No tengo carbón, chavo. Entien... –abrí los ojos y miré a mi alrededor confundido. ¿De dónde provenía aquella voz?
Me levanté y me dirigí a la cocina para desayunar, cosa rara, amanecí con hambre. Me preparé un par de huevos con tocino y después de devorarlos, tomé los cascarones para dárselos al zanate. Cuál sería mi sorpresa al ver que la caja estaba vacía. Recorrí la casa y no pude encontrarlo por ninguna parte. Observando mejor, noté que había dejado una ventana abierta la noche anterior y un par de plumas negras estaban tiradas en el piso cerca de la ventana.
Cierta tristeza me invadió sin que pudiera impedirlo. Sonreí al recoger las plumas del piso.
Pinche zanate –dije con cierto dejo de tristeza.
Por la tarde llevé mi auto a lavar, una vez que quedó reluciente di un par de vueltas por la ciudad, fui por comida china y por más cerveza, de nuevo me quedé dormido en el sofá. Desperté a las tres de la mañana y no conseguí volver a dormir. Decidí dar una vuelta en auto y buscar una botana, cuando me dirigí a mi auto noté que en el cofre había una mancha negra exactamente igual a la que tenía cuando volví a casa, pasé de nuevo la mano por encima de la mancha y la consistencia era la misma de la vez anterior. Miré hacia arriba, escudriñé techo en arco que cubre la cochera de mi casa, tratando de ver si había algo que pudiera ser la fuente de la mancha, pero aparte de unas cuantas telarañas, no había nada. Me limpié la mano en mi short y me fui a la calle en el auto.
Pasé por el centro de la ciudad, para ver si había algo abierto, pero a final de cuentas no me animé a comer en ningún establecimiento. De regreso pasé por una de las decenas de tiendas de conveniencia que se han apoderado de Tapachula. Convencido de que no podría conciliar el sueño de nuevo, comencé a ver una película mientras comía la botana que acababa de comprar, sin embargo, en poco tiempo, tuve que luchar con mis cabeceos: no quería dormir sin terminar de ver la película que estaba viendo. Pronto los cabeceos comenzaron a ganar la batalla. Sin embargo, no dormiría.
Regálame... –escuché a lo lejos, el primer cabeceo cesó, miré a mi derecha y volví a cabecear–. Regálame...
––¿Qué pedo? –dije con una voz modorra.
Regálame carbón –escuché en el siguiente cabeceo–. ¡Eh! ¡Regálame carbón! –escuché directo en mi oído derecho mientras sentía algo muy caliente en el antebrazo del mismo lado.
Desperté con un sobresalto y me puse en guardia mientras miraba alternadamente de un lado a otro. Me froté los ojos y al bajar los brazos, noté que mi antebrazo derecho estaba manchado de ceniza. El piso estaba manchado entre el sillón y el sofá, también un brazo del sofá estaba manchado. Mientras limpiaba las manchas, que al parecer eran ceniza, escuché un susurro a mis espaldas.
Regálame carbón.
Un chingadazo te voy a regalar, cabrón –mascullé.
Mientras preparaba mi comida, la llave del fregadero se abrió súbitamente, me dirigí a cerrarla y una puerta de la alacena se abrió lentamente, haciendo el clásico rechinido de una puerta vieja. No la cerré y me dediqué a cortar legúmbres. A los pocos minutos, la puerta que da al patio trasero se azotó fuertemente, lo que era raro, pues el viento era calmo y no se asomaba en el cielo señal alguna de tormenta. Dejé la puerta cerrada y continué con lo mío. Ya me había servido mi sopa de verduras cuando otra puerta de la alacena se golpeó. El ruido me causó un sobresalto y miré hacia el viejo mueble, la puerta volvió a abrirse y cerrarse de golpe, inmediatamente le siguieron las cinco puertas restantes, así como las gavetas.
Me irrité ante tanto escándalo de puertas cerrándose y abriéndose y en mi rostro se dibujó un gesto de enfado contenido. Decidí ignorar el extraño evento y continué comiendo. A punto de terminar mi primer plato, escuché que se abría de nuevo la llave del fregadero y un minuto después los quemadores de la estufa se encendían y se apagaban. Me levanté de mi asiento y fui a cerrar el paso del gas. De regreso, cerré la llave del fregadero y cerré las puertas y las gavetas de la alacena con fuerza.
Si sigues chingando, no te voy a dar carbón –dije con severidad y terminé de comer.
Más tarde, tras una larga caminata por la ciudad que me vio crecer, volví a casa por la cuarta sur y me detuve por la estatua del cafetalero a observar el ritual vespertino que los zanates efectúan día tras día, llenando el ambiente de sus diversos graznidos, entrando y saliendo desenfrenadamente de los árboles, rodeándolos como nubes negras. Un Sol que se aferraba al firmamento cayó, no sin dejar un mínimo de iluminación durante su larga agonía.
Continué caminando y me metí en el callejón a un costado de Pemex, sonreí pícaramente al recordar que algunos de mis amigos no se atrevían a entrar por ahí cuando anochecía, temerosos de ser asaltados. Yo entraba con toda confianza porque sabía que no pasaba nada.
Doblé en la primera esquina para pasar por la arboleda que rodea la unidad administrativa. Al llegar ahí, por alguna razón, comencé a caminar más lento. Escuché una risilla, como la de una niña. Algo revolvió la hojarasca y giré la vista hacia el lugar de donde provenía el ruido. Apenas alcancé a distinguir una sombra que se movió rápidamente entre los árboles, la risa seguía. En los extremos de mi visión periférica, se asomaba una figura negra que se devanecía ipso facto. De nuevo la risilla resonó en mi cerebro y no pude evitar sentir un estremecimiento moderado.
Me detuve bajo una farola frente al edificio del Poder Judicial, intenté capturar con la vista a la figura negra que se movía entre los árboles, sin éxito. Sin embargo, seguía escuchando la risa y el ruido de la hojarasca, sonidos a los que se les sumó el pitido de algún ave nocturna y también el “zipiú” que había escuchado días antes. Me decidí a cruzar por las canchas de fútbol sin poderme sacudir del todo la inquietud que comencé a sentir en la arboleda. Miraba hacia un lado y a otro o hacia atrás. De pronto, por mirar a otro lado, choqué con algo que no identifiqué en un principio, pero un chillido me obligó a prestar atención de inmediato. Había pisado la cola de un perro negro, que tras chillar, erizó su cruz y comenzó a gruñir y a ladrar.
No podía pasar, porque a cada paso que daba, el perro intentaba darme una mordida. Me lo quité de encima con un viejo truco: fingir que tomaría una piedra del suelo. Tuve que repetir la maniobra un par de veces hasta que el perro desistió de cobrarse la ofensa que le hice al pisarle la cola. Volví a escuchar la risa y miré de nuevo a la figura negra corriendo de un árbol a otro. Era apenas perceptible, pero pude distinguir un poco mejor la figura. Me dio la impresión de que tenía los pies al revés. Sacudí la cabeza y me froté los ojos, mientras apretaba el paso para llegar a casa.
Me fui directo a tomar un baño. Llamé a mis padres, la conversación fue acerca de cómo se la estaban pasando en su tierra y envíe saludos a la familia de allá. No les conté los que había estado experimentando, pero me hizo bien escuchar sus voces, me ayudaron a calmarme, sobre todo por la bravata del perro.
Mi atención se enfocó entonces en un par de películas de Mario Moreno “Cantinflas” que mi padre había comprado meses atrás. A media película hubo un apagón, las luces se encendieron tras un minuto y comenzaron a prenderse y apagarse incesantemente. Me rasqué la cabeza e hice un gesto de hastío. No me impresionaba que estuvieran ocurriendo esas manifestaciones con la electricidad. Me fui al cuarto de mis padres y tomé una lámpara de gas, la encendí y la coloqué en un gancho que mi padre hizo instalar para ese fin. Tomé un buen libro y comencé a leer sin ponerle atención a las luces encendiéndose y apagándose, hasta que el fenómeno cesó.
Al día siguiente salí de la ciudad en el auto. Invité a unos amigos a comer a Faja de Oro y por la noche llegamos a casa, platicamos hasta entrada la noche y se fueron cerca de las dos de la mañana. Aunque les ofrecí llevarlos a casa, prefirieron irse en un taxi. No tardé en quedarme dormido en el sofá. A la mañana siguiente me desperté dificultosamente, quizá como consecuencia de haber dormido poco, pero lo cierto es que toda la noche tuve sueños perturbadores, en los que me veía con la piel pálida, muy pálida, con dos tizones ardientes en vez de ojos y un montón de lianas espinosas me atrapaban y se iban ennegreciendo conforme se enredaban en mi cuerpo.
Para mi sorpresa, desperté temblando, con mucha sed. Me senté en el sofá y observé como me temblaban las manos, las uní, intentado que dejaran de temblar y sentí que estaban muy frías. Me llevé las manos a la cara y la froté un par de veces. Al retirar mis manos de mis ojos miré hacia la pared frente a mi, la blanca pared tenía un letrero que decía: “Regálame carbón”. Me horroricé al pensar en la cara que pondrían mis padres al ver ese letrero cuando llegaran.
Y ahora, ¿cómo chingados lo limpio? –gruñí frustrado.
Me dediqué toda la mañana a limpiar esa mancha y salí de inmediato a comprar carbón. Mis padres llegarían por la noche y era mi deber ir por ellos al aeropuerto. Compré tres bolsas de carbón y las dejé abiertas en la sala. Me fui por la tarde a comer con un amigo y volví a casa cerca de las nueve de la noche a bañarme. Noté que las bolsas de carbón que había dejado desaparecieron por completo, no quedó ni rastro de ellas.
Salí de casa a las nueve y media, el vuelo de mis padres llegaría a las once y media de la noche, me dirigí al aeropuerto aunque gozaba de un buen margen de tiempo para recoger a mis padres, porque no quería estar en casa. En la carretera, parecía que yo era el único que iba por el camino. Pasando por Ciudad Salud, mi auto golpeó algo, pensé que sería un bache. Me sentí inquieto, tenía la impresión de que no estaba solo en el auto, así que encendí la luz interior del coche. Miré fugazmente en el espejo retrovisor y me horroricé al ver a un niño carbonizado sonriendo de forma siniestra. Mi temor creció, al ver que estaba perdiendo el control del auto por intentar apagar la luz interior del coche, poco faltó para que me estrellara con un árbol. Logré parar y orillarme mientras maldecía por lo bajo. Apreté los dientes y me obligué a mirar al asiento de atrás, no había nada. Volví la vista al frente y miré una sombra que se metía entre los árboles. Sentí como se me erizó el pelo y el vello corporal.
Gruñi y arranqué, continué mi camino muy tenso, casi pegado al volante. Miré mi reloj, eran las diez menos cinco. Al volver la vista al camino, noté que las luces del camino se habían apagado. Estaba tan oscuro como la boca de un lobo y apenas podía ver el camino, pese a mis faros. Disminuí la velocidad y continué mi camino sin mayores problemas. De pronto las luces se encendieron de nuevo, creí que estaba en el aeropuerto, pues tomando en cuenta lo que llevaba recorrido, ya debía haber llegado. Mi sorpresa fue mayúscula al ver que estaba frente a Ciudad Salud.
Tras escupir una variedad improperios escuché una risilla, como la que había escuchado dos días antes. Fruncí el ceño y me lancé de nuevo al camino, rumbo al aeropuerto. De nuevo, las luces del camino se apagaron. Dismunuí la velocidad, pero no tanto como la vez anterior. En pocos minutos estaba otra vez en el mismo punto, frente a Ciudad Salud.
La risilla volvió, esta vez escuché que provenía del asiento trasero. Mordiéndome un labio, encendí la luz interior del coche y miré por el retrovisor, no había nada. Le di un golpe al volante y continué mi camino. Iracundo, presioné el acelerador a fondo, sin importarme si me volcaba o si atropellaba a un perro. Sentía como una vena de mi frente se hinchaba y mis ojos parecían desorbitarse. La calma llegó a mi cuando divisé el aeropuerto. Llegué justo a tiempo para recoger a mis padres, el avión acababa de aterrizar.
Fui por mis padres y sentí un gran alivio al abrazarlos. Cargué con sus maletas y las llevé al auto, mis padres entraron en él y yo escuché la misma risilla. Miré a mi alrededor detenidamente, por detrás de un enrejado, me pareció ver la figura de un niño, dí un par de pasos hacia esa dirección tratando de enfocar mejor la imagen, pero un zanate pasó frente a mis ojos graznando una y otra vez. Casi se estrelló en mi cara. Mi madre salió del auto y me preguntó si estaba bien. Yo le dije que sí, pero era mentira. No quería ir al volante de regreso a casa y pensé en pedirle a mi padre que condujera, lo pensé un par de veces, pero al verlo cansando decidí conducir.
Cada kilómetro que avanzaba mi ansiedad crecía, sin embargo, ninguna de las anomalías que sufrí en el camino de ida me ocurrió de regreso. Llegamos a casa sin problema alguno. Llevé las maletas de mis padres a su habitación y les dí las buenas noches. Como aun estaba muy ansioso, encendí la televisión y la miré sin ponerle mucha atención mientras bebía un té de doce flores. El sueño no llegaba a mi y bebí una segunda taza de té. Seguí viendo la televisión hasta que el sueño me venció y me dormí de nuevo en el sofá.
Mi padre me despertó por la mañana, mi madre y él me observaban con aprensión. Me miraban perplejos de arriba a abajo, boquiabiertos.
Hijo, estás más negro que la chingada –dijo mi padre con una extraña mezcla de burla y espanto en su voz.
Miré mis manos y brazos, estaban negros, tan negros como el carbón. Fui corriendo a bañarme, quitándome la ropa por el camino. Al llegar al baño me miré en el espejo y pude ver que todo mi cuerpo estaba negro, excepto por una porción de mi abdomen. Eran partes que no estaban manchadas y que tenían forma, eran letras que decían: “Gracias por el carbón”.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Algunos puntos para mejorar este país

Hace algunos días estaba platicando con un buen amigo sobre lo que se debería hacer con los diputados que aprobaron la reforma laboral y, en general, con todos los políticos. Mi amigo considera que hay que matarlos. Como mucha gente en este país, mi cuate considera que solo la lucha armada nos sacará del atolladero, pero eso es caer en lo mismo que hacen los usurpadores y los tiranos: vean lo que resultó de la revolución. No niego lo bueno que nos trajo, favoreció un chingo de conquistas sociales, pero solo después de más de 10 años de matarnos entre mexicanos a lo puro pendejo.

Eventualmente, los que quitaron del poder a los que sostenían "la matona", se convirtieron en victimarios y en ostentadores de la matona (o sea, el PRI). Lo peor es que ahora no solo nos matan: ahora también nos compran (¿Verdad, Señor Attolini? ¿Verdad, Señor Ortega? ¿Verdad, señor Madero? ¿verdad bola de gente desinformada y desesperada que vendió su voto?)

Yo no digo que haya que matarlos, no creo que la revuelta armada sirva de algo, porque como expuse en un post anterior, a estas alturas no vale la pena, entre otras cosas porque se van a meter los gringos y se van a meter los narcos y al final de cuentas quien "gane" se va a dedicar a saquear.

No podemos darnos el lujo de que las hienas carroñeén las sobras del león, es decir,  estamos en un país hecho jirones y aun así nos quieren (nos van a) seguir expoliando. Considero que sí debería aplicarse una fuerza punitiva, pero no letal. Dolorosa, sí;  multitudinaria también; humillante, sobre todo, pero no letal.

Está muy cabrón que la gente se organice y pueda confrontar físicamente a los responsables del desastre financiero, político y social en el que está inmerso nuestro país. No soy partidario de la violencia, me cae que me resisto, pero sinceramente, ¿a quién no le resultaría un aliviane acomodarle un putazo a media jeta a los políticos corruptos y a los empresarios rapaces? A mi me encantaría trabarle un vergazo en la jeta al vergoliano de Calderón o un pinche rodillazo en la panza a todos y a cada uno de los miembros de su gabinete. Imagínense ponerle un pisotón en un pie y un codazo a media trompa a cualquier gobernador corrupto  o a cualquier responsable de los gastos pendejos.

Neta, sinceramente, ¿no sería un aliviane chingón?

Por eso es que propongo los siguientes puntos para mejorar a este país, déjenme compartirles mi sueño guajiro, después de partirles el orto a esos culeros, esto es lo que deberíamos aplicar:

1. Meter al tambo a todos los políticos comprobadamente corruptos.
1.1. antes de eso, a cada uno de ellos, cada mexicano debe pasar a ponerles una patada en culo.
1.2 o, como al hijo de un trasatlántico lleno de putas de Silvio Berlusconi, que les claven un putazo con una estatuilla de bronce.

2. Que los empresarios que no pagan impuestos, que han utilizado al poder para enriquecerse sin tener que competir, ni pasar licitaciones públicas, etc; sean obligados a pagar todo lo que deben y que sean expulsados del país sin dilación, junto con su familia directa y socios. A la chingada, con una mano en atrás y otra adelante, o bote.
2.1. Todos los concesionarios de bienes de la nación deben ser sancionados por el abuso de los bienes de la nación, en particular cuando se utilizaron estos bienes con fines facciosos.
2.2 se deben ir a la chingada, no sin antes recibir una patada en el culo o un rodillazo a media jeta o panza.
2.3 o bien, ser meados públicamente.

3. Sacar A GÜEVO a los legisladores y representantes chapulines y plurinominales. Impedir que reciban su sueldo y  obligar al ejecutivo que ese dinero se utilice en salud, educación y vivienda.
3.1 A chingar a su madre los mega sueldos y los privilegios, que anden a pata, que coman en un comedor como cualquier empleado del gobierno y si quieren comer en Polanco QUE LO PAGUEN DE SU PUTA BOLSA, COÑO. Y no más chapulinismo.

4. Correr a la verga a todos los líderes sindicales corruptos: una de dos, bote o exilio, pero sin varo. y una de dos: cagada pública o patada en el culo multitudinaria. Los sindicatos serán democráticos y transparentes POR LEY, ME CAGO EN LA GRAN PUTA.

5. Se debe modificar el sistema de educación pública, correr a los maestros huevones y corruptos, aumentar el horario de clases, instruyendo a los niños desde 3° de primaria con cursos de lógica y de pensamiento racional. Más horas de ciencias naturales con un enfoque experimental y con sentido lógico
5.1 Que en las clases de civismo se enseñe no solo a ser buen ciudadano, sino a participar activamente en la vida política del país. Que se enseñe como funcionan las actividades del gobierno y que se aprenda a vigilar el estricto cumplimiento del orden, que el mexicano de a pie conozca como defender sus derechos y como obligar a los gobernantes a cumplir. Que se enseñen políticas progresistas que promuevan el bien común y eviten las oligarquías.
5.2 deben ampliarse los programas de educación artística, se debería enseñar apreciación artística, creación plástica y creación literaria.
5.3. Los programas de educación física deberían incluir la práctica obligatoria de cuando menos un año de dos artes marciales diferentes. Un año obligatorio de un deporte de equipo. Por supuesto, deberán exitir instructores especializados. A la chingada los injuves: TODOS deben tener acceso al deporte y tener las mismas oportunidad de convertirse, si así lo desean, en deportistas de elite.

6. Revolucionar el sistema de salud mexicano, reduciendo a toda la burocracia inútil y corrupta, corriendo a la verga a todo el personal negligente y culero. El Seguro Popular tiene que desaparecer, porque no es más que una empresa fantasma, todos los afiliados deben ser captados por la Secretaría de Salud.
6.1 Ampliar la cobertura y dotar a los sistemas de salud de una capacidad para producir sus propios medicamentos y no estarle llenando la bolsa a los putos González Torres, ni a ningún otro puto farmacéutico hojaldrana.
6.2. El primer nivel de atención sanitaria, debe ser prioritario: prevención y planificación deben ser los programas permanentes más fortalecidos.
6.2.1 Esta ampliación de la cobertura del primer nivel debe incluir una campaña nacional permanente de promoción de la salud mental. Los primeros en ser evaluados y constantemente en observación, deben ser los miembros del gobierno. Que pasen pruebas de confianza y que estén sanos mentalmente. Toda la población debe tener acceso a talleres y terapias grupales y familiares, a fin de que aprendamos a tener una higiene mental y aprendamos a vivir en armonía.
6.3 Asimismo, la cobertura hospitalaria debe servir también a los familiares de los enfermos, de manera que puedan pasar la noche dignamente, en habitaciones limpias y cómodas y no en el pinche piso de los pasillos o afuera de los hospitales.
6.4 El sector salud debe fortalecerse para formar a más especialistas y mantenerlos en constante actualización.

7. Fortalecer a las universidades públicas para que las investigaciones puedan servir y aplicarse directamente al sector salud, agropecuario, industrial, etc etc. Por supuesto, no sin antes correr a la verga a los administrativos y académicos huevones y corruptos con una patada en el culo.

8. Fortalecer al campo y a la agroindustria, corriendo a la verga a los monopolios, a monsanto y a los hijos de puta acaparadores, fomentando la competitividad y la variabilidad de los cultivos y de la producción pecuaria, vinculando a este sector con la educación superior.

9. Correr a la verga a todos los del IFE y crear una institución verdaderamente ciudadana, eligiendo al azar a los nuevos consejeros y funcionarios, sirviendo únicamente por tres años, sin mega sueldos ni privilegios.
9.1 Los siguientes consejeros ocuparían su puesto al ser elegidos democráticamente.
9.2 Las elecciones deben ser llevadas a cabo con estricto apego a la ley, de manera que todas las denuncias de violaciones a las reglas sean investigadas y castigadas a la brevedad posible, posponiendo las eleccionnes de ser necesario, de manera que se le quite el registro a los partidos que resulten responsables, y que no participen en las siguientes dos elecciones.
9.3 PROSCRIBIR A LA VERGA A TODOS LOS PUTOS PARTIDOS POLÍTICOS. Que se formen nuevos partidos por ciudadanos.
 9.4 Durante las elecciones se debe permitir que la ciudadanía registre el conteo de  votos mediante fotografías, audio y video. NO debería darse por buena una elección sin antes revisar cuidadosamente la evidencia de los conteos. Cualquier irregularidad debe ser investigada.
9.5 Debe haber una segunda vuelta electoral entre los dos primeros lugares.
9.6 Los partidos deben recibir un presupuesto anual equitativo y suficiente para realizar sus actividades electorales. Todas las actividades internas deberían ser financiadas por ellos mismos.

10. Los puestos de funcionarios del estado, tales como secreatrías y ministerios deben ser de elección popular.
101 Los candidatos deben ser personas con un currículum APTO para el puesto, así evitaremos improvisados, cuatitos del presidente.
10. 2 Ningún ministro, ningún secretario debe tener un sueldo mega elevado ni tendrá privilegios pendejos. Los salarios deben ser decorosos y al término de su gestión, deben volver a sus empleos, que deben otorgarles el permiso en el entendido que al fungir como misnistros o secretarios por elección democrática, están persando un servicio a la nación. Lo mismo debe aplicarse a los consejeros del nuevo instituto electoral.

11. La revocación de mandato debe ser A HUEVO y aplicarse a los tres poderes y a todos los puestos.

12. El Servicio Militar obligatorio debería modificarse,  de manera que se incluya en los programas de educación pública. Por lo tanto, ya no será expedida la cartilla militar, ni será requisito para ninguna clase de empleo.
12.1 Como parte de los programas de educación pública, los miembros del ejercito, marina y fuerza aérea deben impartir estrategias de cooperación en casos de contingencia, así como coordinar campañas de desasolve de ríos y reforestación.
12.2 Esto debe aplicarse a los educandos del nivel medio superior, POR IGUAL A AMBOS SEXOS.

13. Las fuerzas del orden público, o sea los cuicos, deben ser disueltas por completo, castigando ferozmente la corrupción. En su lugar, las fuerzas del orden deben ser profesionalizadas y formadas por elementos altamente confiables, incorruptibles.
13.1 Debe existir solamente una corporación policíaca.

14. Las actividades de Pemex deberían ampliarse e integrar la producción de energía por otros medios, incluyendo la energía eólica, geotérmica, nuclear, solar y sustiyendo la producción de biodiesel, por producción de biogas, que es más limpio, más económico y más eficiente.
14.1 Puede haber participación de la iniciativa privada, pero únicamente en lo refrente a infra estrucutura, siempre mediante la competencia y la licitación pública. Por su parte, la producción y explotación y usufructo y demás, debe ser controlado por el estado.

15. Los bancos no debe sangrar más al pueblo mexicano. El abuso en el cobro de tarifas y créditos debe ser severamente sancionado, con retribución monetaria al afectado.
15.1 Debe cancelarse cualquier financiamiento otorgado a la banca privada, llámese rescate o fomento.

16. La impartición de justicia debe realizarse garantizando el debido proceso.  Sancionando al impartidor de justicia que yerre en su veredicto, ya sea por dolo o por negligencia.
16.1 Debe garantizarse la liberación y la justa retribución de aqullos que han sido encarcelados indebidamente.
16.2 Debe garantizarse la liberación de todo aquel que cumola su condena.

17. El sistema carcelario debe cambiar. El ambiente debe ser más humanitario, pero a su vez punitivo.
17.1 La capacitación y readaptación debe servir, para que el preso "pague" su alimentación y vestimenta.
17.2 Debe existir un programa de monitoreo a los excarcelados, que facilite que sean contratados, cuando menos temporalmente, para garantizar que no reincidan en la comisión de delitos. Esto para los delitos de fuero común.
17.3 Los presos por delitos considerados graves deben ser sometidos a trabajos forzados e la construcción de escuelas y en el trabajo en el campo.
17.4 Modificación del código penal: considerar graves los delitos de cuello blanco, ecocidio y corrupción. Que no prescriba el estupro, la violación de menores y el abuso sexual.
17.5 Debe rotarse períodicamente por completo el personal de las cárceles, aunque pase los exámenes de confianza, a fin de evitar corruptelas.
17.6 Permanentemente, las fuerzas del orden público deben realizar cateos en las cárcales, a fin de mantener eficiencientemente el orden dentro de las cárceles.
17.7 Los delitos cometidos dentro de los centros penitenciarios deben ser debidamente juzgados y condenados.

18. Debe existir un fomento permanente del arte y las tradiciones mexicanas, desde el sector educativo y desde las comisiones de arte y cultura.

19. La mayoría de edad se debe establecer a los 20 años, pues a los 18, en estos tiempos, los chamacos todavía están muy mecos.

20. La participación de la iniciativa privada en lo respectivo a caminos y puentes debe ser reducida y deben mocharse con el estado. Los precios deben reducirse y en especial, debe haber menos casetas de cobro. Lo ideal es que no existan: eso de que cobren va contra la libertad de tránsito, chingao.

21. Considerar a los miembros de la alta jerarquía católica en México como agentes de un gobierno extranjero, por lo tanto, retirarles la nacionalidad mexicana y privándoles automáticamente de sus derechos políticos.

22. Volar a la verga los fueros y la inmunidad diplomática.

23. Todos los empleados del gobierno que sean separados de sus cargos por corrupción y/o negligencia, deben entrar a un programa de reeducación anti cultura de la corrupción y del fraude y debe asegurarse su readaptación antes de que sean reinsertados en sus dependencias, no necesariamente en sus puestos anteriores. Sí, coño, aunque suene a Maoísmo- Fidelismo- Stalinismo.

24. Consagrar todo esto a nivel constitucional.

Yo creo que con eso bastará para avanzar chingonamente. Pero por supuesto, jamás se hará nada de lo que propongo ni a vergazos. No sabemos hacer todo a la vez

Sinceramente me sentiría muy afortunado si cuando menos la mitad de lo que propongo, cuando menos lo que propongo para educación y salud se aplique de manera paulatina, se aplicara. Cuando menos que cuando yo tenga 50 años tengamos un sistema educativo chingón y un sistema de salud vergudo y que al menos 6 políticos corruptos estén en el bote, con eso me conformaría chingao.

martes, 19 de octubre de 2010

Bajo la Sombra del Mal

Me van a tener que perdonar mis lectores habituales, en especial Elver, porque le prometí que el próximo post sería sobre el programa de Adal Mamones y las nefastas consecuencias que tuvo sobre la conducta de los jóvenes en aquella época.

Lo siento de verdad, pero es que hoy amanecí inspirado, en realidad más inspirado como para hacer una historia erótica, pero ya saben que mi hit es el horror, la fantasía y la aventura. En esta  ocasión quise hacer una versión diferente, algo así como un audio cuento.No aparece en este preciso momento porque mi conexión está poniéndose extremadamente pendeja lenta,  pero aun así, cuando la pueda subir al goear y la cuelgue al blog,  por si acaso mi voz les fastidia o mi pésima dicción impide que entiendan un carajo de lo que diga,  los dejo con un número más de

 

BAJO LA SOMBRA DEL MAL

 

Lo único que recordaba era el sonido de las gotas de agua que caían letárgicamente en el lavabo y la visión borrosa que tenía del mismo.

Y un ruido, un murmullo.

No podía recordar nada antes ni después de aquel lavabo goteante. Ni siquiera sabía por qué yo estaba allí. En algún momento me levanté tambaleante. Tuve que hacerlo y pensar en ello me ayudó a recordar poco a poco qué más sucedió, lo malo es que los recuerdos llegaron sin orden, pero después de todo, creo que mi mente lo recordaba así, porque como sucedieron los hechos, no hacía ninguna falta que mis recuerdos aparecieran en orden.

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Mi vista parecía estar encajonada, la visión periférica no me funcionaba bien. Lo primero que hice al levantarme fue ir al baño y abrir la llave del lavabo, pero no había agua, solo continuaba ese goteo pausado. La cerré con dificultad, no me sentía con fuerzas, pero necesitaba cerrarla bien, el ruido ya me había molestado.

Aun tambaleante, según recuerdo, caminé por un estrecho y desconchado pasillo. Los ojos se me cerraban y parecía que avanzaba sin querer por el pasillo o que caminaba sobre una banda sin fin, pues no sentía el esfuerzo de caminar ni recordaba lo avanzado, cada vez que parpadeaba notaba que estaba en otro lugar. Parecía que eran más pasillos. Durante ese recorrido, lo único que recuerdo bien era el sordo rumor de una instalación eléctrica.

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La luz titilante de una lámpara aparecía y desaparecía continuamente de mi vista, alternándose con la visión de un cuarto blanco con una silla de metal tirada y retorcida. Algunos restos ennegrecidos en el piso llamaron mi atención, pero de nuevo, no recuerdo y no entiendo qué pasó ahí. Antes de poder averiguar algo sobre esos restos, escuché otra vez el sonido apagado del goteo del lavabo.

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Sorpresivamente apareció el dolor, un dolor acuciante, tremendo. Entre mis espasmos me aterró la visión de sombras blancas a mi alrededor. Al despertar y volver a levantarme, llamado por ese maldito goteo, pude entender que me encontraba en un hospital. Por alguna razón llegué al hospital más sucio y maltrecho del mundo, no podía ser que se atrevieran a tener instalaciones de esa naturaleza, pero tenía que serlo, necesariamente alguien tenía que haberme cuidado para que superara el terrible dolor.

Sin embargo, llegar a esa conclusión parecía apresurado y me generaba más dudas: si estaba en un hospital y alguien me atendía, ¿Cómo es que no veía a nadie más cuando vagaba por los desconchados pasillos? ¿Cómo es que nadie me impedía levantarme a cerrar la llave del céreo y maculoso lavabo? Y aun así, aunque no estuviera convencido de que no estaba solo, aun cuando las sombras blancas fuesen una ilusión, alguien necesariamente tenía que estar en ese lugar, si no, ¿entonces por qué la llave del lavabo volvió a gotear? Alguien la abrió y pese a mi inconstante percepción de mis alrededores, hasta le fecha estoy seguro que yo no la volví a abrir.

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Pero el desorden de mis recuerdos persistió. El mínimo instante de lucidez que me permitió tener estos razonamientos dio paso al más desesperante aturdimiento. De nuevo me vi caminando por esos pasillos, de nuevo cada vez que parpadeaba me sabía en otro lugar. Entonces llegué a las escaleras, esas escaleras traidoras en las que el aire se enrarecía, se enfriaba y silbaba burlonamente al pasar por las esquinas. Cada escalón que bajaba crujía y cada crujido sonaba como un lamento. Cada vez que bajaba hacía más frío y parecía como si la luz huyera, como si se alejara de mí al mismo ritmo con el que bajaba los escalones y después de eso, el desvanecimiento, la amnesia.

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Despertar de nuevo con el sonido de ese lento, miserablemente aletargado goteo me llenó de rabia y creí que esa rabia me daría fuerzas para levantarme y protestar, buscar a alguien que se encargara de ese maldito lavabo y que se llevara de ahí el mugroso espejo que no me permitía reconocerme en él. Mas fui capaz únicamente de sucumbir a la desesperación de no poder hablar, de ser capaz de tambalearme apenas, de claudicar y caer. Ni supe cómo me volví a levantar, pero lo hice e intenté cerrar el lavabo, me cercioré diez veces y las diez veces dejó de gotear. Volví la vista hacia el espejo y el nebuloso reflejo me mostró la borrosa sombra de alguien que estaba parado tras de mí. Un sobresalto me obligó a dar la vuelta, pero en un parpadeo me vi de nuevo en los pasillos, tambaleante, sosteniéndome de las sucias paredes, temeroso de que colapsaran debido a mi peso.

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No sé si estaba siguiendo a la sombra que estaba detrás de mí en la habitación. Jamás la alcancé y de nuevo me asaltó la duda, no podía estar solo, pero temía que hubiera alguien más en ese lugar. Quise salir de ahí y todos mis intentos fueron infructuosos, siendo incapaz todavía de registrar conscientemente la transición entre un pasillo y otro. Los ojos se me llenaban de lágrimas y cada vez que pasaba mi antebrazo para secarlas, veía que estaba en otro lado. Convencido de que estaba solo, intenté regresar a mi habitación, pero de nuevo fui a dar a las escaleras.

No quería bajar por ahí, no quería volver a escuchar el silbido del viento, ese susurro burlón y mucho menos quería volver a escuchar los gemidos de los escalones mientras era engullido por la oscuridad. Con el rostro bañando en lágrimas, incapaz de luchar contra esa fuerza de atracción bajé los escalones y fui a dar a un oscuro y frío pasillo. Más estrecho que los anteriores, sus paredes estaban mucho más desmejoradas que los otros. Las sucias ventanas apenas dejaban pasar la luz, una luz intermitente, que se movía o daba giros como la de un faro y que cada vez que se iba se negaba a regresar. Conforme avanzaba, de nuevo en contra de mi voluntad, si es que a caso la tenía en ese momento, cada vez que un hilito de luz atravesaba las densamente opacas ventanas, la luz, la preciada luz tardaba cada vez más en aparecer.

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De pronto vi una luz titilante frente a mí, salía de una habitación y cuando estaba cerca de esa luz, otras más se encendieron en las habitaciones contiguas y a lo largo del pasillo se podía ver una senda de luz parpadeante, blanca, esperanzadora. Caminé hacia esa luz y miré hacia el interior de la habitación, al principio creí que veía borroso debido a las lágrimas que había derramado, pues me pareció ver rostros traslúcidos flotando en el aire.

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No podía hablar y tampoco lo intenté, quise que hubiera alguien en las habitaciones, que me vieran y que me ayudaran a salir de ahí, que me explicara alguien que era lo que sucedía. Pero las habitaciones parecían estar vacías y de nuevo observé en una de ellas varias figuras humanas traslúcidas flotando en el aire. Seguí caminando y las demás habitaciones contenían a esas figuras, reían y se distorsionaban, parecían derretirse y desvanecerse, pero el sonido de sus risas perduraba.

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De nuevo reinó la oscuridad. Las risas cesaron y solo podía escuchar el susurro provocado por el arrastre de mis pies. Mis manos temblaban y sudaban. Las lágrimas volvieron y escuché el silbido del viento en la esquina del corredor. No me atreví a volver la vista atrás. Me recargué en una pared y de nuevo escuché el sordo rumor de la instalación eléctrica. Me tambaleé hacia las escaleras y aunque esperaba volver a escuchar el crujido de los escalones, lo que escuché fue el goteo aletargado e insidioso del lavabo en mi habitación.

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Lo siguiente que recuerdo es que el dolor volvió y volví a ver a las sombras blancas a mí alrededor. Escuché un crujido. Volvieron a aparecer las figuras traslúcidas que se derretían en el aire. Volví a sentir el frío de las escaleras, volví a sentir que la luz huía de mí. Una y otra vez la visión de los pasillos se sucedió ante mí como si el ciclo se fuera a repetir eternamente.

Una noche me di cuenta que estaba arrastrándom1281924293412e en unos matorrales y luego me estaba tambaleando en una carretera. No sé cuánto caminé, no sé en donde estuve. Aun hay muchas cosas que mi mente no ha podido procesar.

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No sé cómo me hallaste, pero por sobre todas las cosas, no soy capaz de entender ¡por qué demonios me trajiste de nuevo a este maldito hospital!

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Les gustó?

jueves, 7 de octubre de 2010

SE CONFIRMA LA EXTINCIÓN DEL ÁGUILA ARPÍA EN EL ESTADO DE CHIAPAS

VEAN


Y LO ÚNICO QUE PUEDO HACER ES DECIR

FUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU



ME CAGO Y ME RECAGO EN LA PUTA

viernes, 27 de agosto de 2010

Todavía estoy encabronado

Pero no por mis lentes, esos ya los tengo de nuevo conmigo, mi hermana menor los encontró de cagada en el lugar más pendejo: detrás de un cojín.

Amigos, les agradezco sus comentarios en el post anterior, me hicieron el día. Sin embargo, mi encabronamiento es por otras causas.

Me acabo de enterar de esto:

Zetas asesinan migrantes

Primero lo leí en sacatrapos y pensé que se trataba de unos minute men que habían asesinado migrantes en Estados Unidos y me encabroné, pero leí la noticia y me encabroné más todavía.

Y dije: bueno, que estos hijos de puta solo piensan en joder al prójimo? Ahora no nada más joden al compatriota, sino además al pobre, al desposeído que viene de paso a fin de buscar una oportunidad en Estados Unidos. De qué sirve que los vuelvan narcos, si eventualmente los van a matar??

Qué no tienen bolas para trabajar honradamente como la demás gente, qué pese a todas las pendejadas de este país se levantan a jalar para sacar adelante a su familia??  Ojalá que coman mierda y les dé disentería bacilar y se los cargue el chorizo, yéndose todos a chingar su madre a punta de diarreicas cagadas hijos de la gran puta!! y no conforme con eso

Me acuerdo de cierto pendejo que me dijo:

-- la neta NUNCA he compartido este racismo rascuache que en realidad esconde un fascismo bananero. Pero este blog solo demuestra que va de mal en peor: misogino, xenofobo, intolerante y racista. Mucho gusto, yo me compermiseo

viernes, febrero 19, 2010 7:22:00 AM

 

Cabrón, te reto a que me vuelvas a decir fascista bananero!! A que me vuelvas a decir xenófobo, intolerante y racista, te desafío.

 

Y no solo eso, sino que además el chaparrito peloncito de lentes mandó una carta a mi casa con una bandera de México QUE NO LE PEDIMOS. No sé a cuántas personas más las enviaron, pero me parece un gasto pendejo que mejor debieron dejar en la secretaría de salud o algo así. Pero además, ese mismo día me llama una máquina diciéndome que tenía un mensaje de Felipe Calderón para mí y saben que hice?? Le colgué al hijo de puta.

Lo cual me recuerda a un par de llorones: AYM y JACC, vean, ese cabrón pelón de lentes es capaz de desaparecerme, no nada más me va a dar un sermón y a amenazarme veladamente con impedir que consiga trabajo o algo así, no este güey es capaz hasta de hacerme ver como el que secuestró a Fernández de Ceballos o incluso como el asesino de los indocumentados.

Pero tal parece, y es otra de las cosas que me tienen muy encabronado, que el presidente si es medio lloricón:

SE TIRÓ AL DIVÁN CON LÓPEZ DÓRIGA
A FELIPE LE EMPIEZAN A CANSAR
LAS CANTALETAS CONTRA EL EJÉRCITO
REPROCHA QUE HAYA TANTAS CRITICAS A SU ESTRATEGIA CONTRA EL NARCO

En una conversación con Joaquín López Dóriga, Felipe Calderón soltó de su ronco pecho todas la sensaciones que tiene de falta de respaldo a lo que considera su gran estrategia: la lucha a balazos callejeros con el narco nacional.
Lamenta que el PRI le de la espalda en momentos
graves como el asesinato del candidato priista en Tamaulipas y que no se reconozca el esfuerzo que ha hecho, en medio de esta guerra, por el respeto a los derechos humanos.
le entristece y encabrita el asesinato de los inmigrantes pero saca la conclusión de que se debe a que el narco ya no puede reclutar fácilmente a su personal y , dice, tiene que recurrir al secuestro para involucrarlos en sus acciones criminales...
En fin, la entrevista es larga y refleja la desesperación de un gobernante que está sólo en su tarea cañona de administrar un país...Mejor le hubiera dejado el cargo a López Obrador.

LA NOTA

http://www.jornada.unam.mx/2010/08/27/index.php?section=politica&article=007n1pol

Vilmente pirateado de sacatrapos.

 

Ahora resulta! Vivimos en un país de desagradecidos!! Lo dice como si su estrategia realmente haya servido de algo, como si su estrategia hay servido para disminuir el consumo. Mejor que se ponga a predicar, con eso de que los drogadictos son drogadictos porque no creen en dios!!!

Me lleve la chingada EN QUÉ PINCHE PAÍS VIVO, CON UNA CHINGADA

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y para rematar: hoy me han dicho que por fin se estrenará The Last Air Bender

YA ERA HORA, CHINGA TU MADRE JAMES CAMERON!!!! (Solo falta que James Cameron me regañe y me vete de por vida a sus películas, verdad AYM? verdad JACC?)

Carajo

viernes, 6 de agosto de 2010

Hoy sí tengo que aventar mucha mierda, de aquí hasta Guanajuato, chingao!!

Hace rato me acabo de enterar de este pedo:

Este pedo

y parte salen con este otro pedo


y lo que es mi deber decir es:

HIJOS DE PUTA


Cómo chingados se les ocurre que aborto espontáneo es lo mismo que un homicidio en relación de parentesco??

Cómo se les ocurre pensar, malnacidos, que un aborto espontáneo es un acto malicioso y perverso que merezca hasta 35 años de cárcel??


El aborto espontáneo puede ocurrir en el primer embarazo de muchas mujeres, es muy común de hecho. Puede ocurrir debido a malformaciones incompatibles con la vida, a muerte fetal por enfermedades infecciosas, por incapacidad del útero para sostener el desarrollo fetal, ya sea por cuestiones del órgano en sí o puede ser sistémico. Y es algo tan deliberado como tener diarrea o gripe, o sea, no se puede controlar o hacer a voluntad, no chinguen.

Y luego salen con esta OBRA MAESTRA DE LA HIPOCRESÍA:

CÓMO CARAJOS SE LES OCURRE!!??

QUÉ AHORA VUELVEN LOS TIEMPOS DE LA INQUISICIÓN O QUE PEDO??? SOLO FALTA QUE LAS ACUSEN DE BRUJAS O DE COMERSE LOS FETOS O DE HACER HOSTIAS SANGRIENTAS CON ELLOS O QUÉ??

QUE SE VAYAN A LA MIERDA

Eso es como presentar un preso todo golpeado y sanguinolento y decir: "no lo torturamos, solo ejercimos presión sobre su integridad física, no lo maltratamos, solo lo magullamos un poquito"
a ver si me explico y ojalá el buen José de la Cruz me quiera echar la mano, porque yo no sé gran cosas de leyes, pero sí de lógica.

Pa empezar: "Homicido en relación de parentesco"

Hablamos de Homicidio: matar a un igual.... o es de homos/hombre o es de homos/igual?? en fin el caso es que para que sea homicidio lógicamente tiene que tratarse de alguien que YA NACIÓ.


entonces, si enjuician a alguien por "homicidio en relación de parentesco" y esa persona interrumpió el embarazo después de las 12 semanas en lugar de matar a alguien ya nacido, no es otra cosa que enjuiciarla por aborto, por lógica.

Y si a eso le agregamos que se trató de abortos espontáneos, accidentales, no inducidos o no deliberados entonces, qué tiene que ver con el "Homicido en relación de parentesco"??
Ahora es delito padecer la incapacidad física/orgánica para llevar a término un embarazo??

La madre de aquel feto que presente agenesia renal podrá ser sometida a juicio, tomando en cuenta que la falta de riñones es incompatible con la vida, ergo, si la madre no le puso los riñones al feto, está atentando contra su vida/ impidiendo su nacimiento?? Esa será la lógica de las autoridades guanajuatenses de aquí en adelante??

Cada día me queda más claro por qué don José Alfredo Jiménez decía que en su León Guanajuato la vida no vale nada

Espero que liberen ipso facto esas mujeres, porque es una de las peores atrocidades que se pueden cometer contra la justicia y la razón y que amerita que una bola de negros los viole, como dijera Mel Gibson. En serio, es como para ir y cagarlos a patadas y reventarles el orto de una patada a todos y cada uno de los involucrados en esa cagada. Ojalá entren en razón esos cabrones y que se dejen de hipocresías, pero por desgracia, debido a la enormidad de la estupidez cometida, esos buenos deseos no son más que pedirles peras al olmo.

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